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El mayor pecador de todos los tiempos


Capítulo 1/7

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traductor ingles español: Silvana Mellino

© 2006 Eric Mellema
Todos los derechos reservados
Novela no editada



Capítulo 8



El mundo debilitado se recupera
Por todas partes la paz duradera
La gente viaja por los aires, cruzando mar y tierra
Después habrá nuevamente una guerra


La puerta del estudio fue forzada para abrirla y Anne entró con las rodillas temblando, con temor de encontrar a su marido muerto dentro. Después de que había llegado a casa, la empleada doméstica le había informado que el erudito había urgentemente solicitado que no se lo molestara bajo ningún motivo. Estaba conduciendo un experimento importante. Pero ahora pensaba que ya había llevado mucho tiempo. No había salido de su estudio por días y al parecer sus preocupaciones fueron justificadas. Encontró a su marido tirado en el piso.
- ¡Está muerto! -gritó.
- ¿Por qué no golpeaste? -Michel preguntó. Estaba sorprendentemente lúcido. Por un momento, ella enmudeció, pero luego se enfureció mucho.
- ¡Te encerraste durante tres días enteros! Te llamamos tantas veces, golpeamos la puerta, gritamos y no abrías la puerta. ¡No aguanté un minuto más!
- Estoy bien -le aseguró calmadamente.
- Pudiste haber muerto -continuó ella, aún muy agitada -. No tenía elección más que actuar. Y, por cierto, la reina quiere verte. Pensé que probablemente querrías saberlo.
- ¡Buena noticia, en verdad! Empacaré enseguida -, y comenzó a levantarse para prepararse.
- No seas idiota; primero pasarás unos días recuperando tu fuerza. Te ves horrible -le gritó y su marido le prometió que se calmaría por unos días.

- ¿A dónde fue papá? -preguntó Pauline de tres años al día siguiente.
- Papá está haciendo cargo del más allá -contestó César.
- Pásame el pan, por favor -le pidió el padre. Su hijo se lo pasó.
- Creo que estaba haciendo bromas nuevamente -dijo Paul con osadía.
- Tu padre está perdiendo el cabello, pero no las travesuras -Anne acordó. Su marido bebió un poco de jugo de fruta y las bromas le causaron mucha gracia.
- Tu padre irá a visitar a la reina pronto -la madre les informó a todos.
- ¡Paul, suelta a César!- Paul tenía flor de carácter y era inquieto a menudo.
- Espero que la reina no sea demasiado hermosa. Porque entonces nunca más veríamos a papá -comentó Madeleine.
- Yo sólo quiero a tu madre -le aseguró-. Y a fin de cuentas la reina ya está casada con el rey.
- Bueno, he oído que ese matrimonio es sólo una farsa -Anne mencionó-. Y hay muchas doncellas en la corte.
- ¿Qué son doncellas, mamá? -preguntó Pauline.
- Son mujeres que no están casadas con un hombre, pero que lo desean de todos modos -trató de explicar simplemente.
- Pues alrededor de esta mesa hay muchas doncellas -bromeó César. Sus padres se rieron y luego comenzaron a limpiar la mesa.
- Te quedas con André un minuto -le pidió Anne. Su marido, quien estaba volviendo a la normalidad, vigilo al bebé mientras ella fue a sacudir el mantel afuera en el jardín.

La primera parte de Las Profecías había tenido gran éxito en la corte del rey y la Reina Catalina de Medici solicitó al astrólogo inmensamente popular que viniera a su palacio para una consulta. Ante semejante honor recibido, Nostradamus no pudo negarse y le concedió su deseo. Puesto que París está muy lejos, tendría que estar fuera de su hogar durante un mes aproximadamente. Se despidió acongojado de su familia.
- Aquí, muchachos, no me olviden-, pero los niños ya estaban afuera corriendo, pues estaban ocupados en otras cosas. El padre los amaba a todos, sin importar lo que hiciesen, pero se sentía más conectado a César, un muchacho inteligente, a quién, algún día, podría pasarle su conocimiento.
- Ten cuidado. Siempre hay mucho odio y envidia en la corte -Anne le insistió a su marido.
- Estaré fuera de todo eso -le prometió y después de un gran beso, recogió su maleta y subió al carruaje que estaba esperando. El huésped de la familia real tendría la oportunidad de visitar a su editor, Chomarat, en Lyon también. Llegó dos días más tarde. Su editor decía que no con un gesto de incredulidad cuando vio al famoso escritor entrar en su oficina, sin anunciar su llegada.
- Pediré que preparen la habitación de huéspedes -tartamudeó.
- Genial, gracias. Aunque sólo me quedaré un día, porque voy camino a París.
- Entonces le mostraré la oficina enseguida -y dieron un paseo por la Maison Thomassin. Los topógrafos también se sorprendieron con su visita y con movimientos torpes hicieron lugar para su encumbrado huésped. En la imprenta, su jefe comenzó a hablar nerviosamente.
- Su éxito en parte se debe a este invento -expresó Chomarat, sosteniendo el aparato revolucionario con ternura, como si fuera su propio hijo. Pidió a uno de los obreros que pusiera tinta sobre la plantilla para la portada de Las Profecías. Hizo lo que le ordenaron.
- Ahora le mostraré cómo funciona -Chomarat comenzó y ubicó el molde con tinta por encima de la placa de abajo-. Y luego colocamos un papel por encima y haga usted su propia impresión… Nostradamus comenzó a dar vuelta la placa con un torno.
- Ojalá estar bajo presión fuera así de fácil -dijo a modo de broma, pero antes de que alguien tuviera la oportunidad de comenzar a reír, el editor gritó de dolor. Su dedo quedó atascado y el invitado retiró la placa rápidamente.
- Permítame ver eso -le solicitó. Quejándose, Chomarat le mostró su pulgar herido.
- ¿Tiene vendas?
Con su rostro retorcido de dolor, señaló su oficina. Fueron allí y después de buscar un poco, encontró un pequeño pedazo de vendaje.
- Por un tiempo, no podrá escribir con la mano -le explicó Michel mientras le vendaba el pulgar.
- Soy tipógrafo, no soy escritor -refunfuñó Chomarat. Ya se había recuperado del shock y los hombres volvieron a su lugar de trabajo. Una vez allí, Nostradamus nuevamente bajó la placa, para que se presionara firmemente contra el pedazo de papel y luego lo volvió atrás otra vez.
- El trabajo de chapucería ahora debe ser una cosa del pasado -se rió entre dientes y luego miró la impresión húmeda.
- ¡Maravilloso! Pero ¿qué está haciendo ese pequeño demonio allí en el último renglón? Chomarat se sorprendió, se acercó y se paró al lado de él y también vio la irregularidad.
- ¿Qué granuja hizo este cambio? -preguntó muy enojado. Pero parecía que nadie del personal lo ha hecho. Su jefe se dirigió corriendo a la provisión de libros de su cliente. Por un minuto tuvo visiones de miles de demonios reproducidos, pero gracias a Dios, todas las portadas estaban bien. Corrigieron la platilla de impresión y después de toda la conmoción, la prueba de fuego se aprobó. El autor estaba muy feliz y miró su propio trabajo nuevamente, el cual estaba siendo editado aquí en varios idiomas. Toda Europa recibía sus libros con mucho entusiasmo. Después, él y el editor fueron a un restorán y conversaron un poco más sobre las mejoras de la versión actual.
Al día siguiente, el viaje a París se reanudó. Todo salió bien y tres días después pasó por Fontainebleau. No falta mucho ahora. De repente, un grupo de jinetes a caballo rodearon el carruaje y lo forzaron a detenerse.
- ¡Bandidos! -el asustado cochero gritó, pero resultó ser que eran oficiales de policía y se aseguraron de que siguiera sus direcciones. Enseguida un oficial le explicó al pasajero lo que estaba sucediendo.
- Su ruta ha sido cambiada; será escoltado hacia el palacio de Saint Germain en Laye.
- ¿Por qué el cambio? -Nostradamus quería saber.
- La familia real cambia de residencia de vez en cuando.
- Entonces, aún tenemos una distancia que recorrer.
- Mis disculpas por las molestias -. El oficial Morency se sentó al lado de él y continuaron.
- Sí que viajan mucho las personas hoy en día -el oficial comenzaba a insistir con el tema mientras se quitaba las botas de equitación -. El mundo está floreciendo después de esa era oscura y ahora está haciendo un rápido progreso.
- ¿Ve a esas aves migratorias allí arriba, volando hacia el norte? -Michel interrumpió.
- Sí, ¿por qué?
- Pueden hacerlo diez veces más rápido que nosotros.
- ¿Entonces qué trata de decir?
- Que nací en la época equivocada…
- Aún no lo entiendo -insistió Morency.
- Oh, no se preocupe por mí; me siento un poco rezongón. Probablemente cansado -el erudito se disculpó.
- Lo dejaré solo, Doctor. Supongo que todos lo molestan todo el tiempo.
- Bien, ahora que lo mencionó, debo decir, la impertinencia se está tornando peor cada día. En mi pueblo, ya ni siquiera puedo salir en público. Pero, continúan y persisten con la charla, puesto que los momentos agradables pasan volando -. Morency hablaba sobre su carrera y su pronto retiro.
- Será arrestado y encarcelado antes de que su carrera termine -el clarividente dijo de repente. El oficial lo miró, alicaído.
- ¿Qué está diciendo? ¿Justo antes de mi retiro?
- Mantenga su mentón arriba. Un tratado de paz le devolverá la libertad.
- No sé qué entender de todo eso, pero lo tendré en mente. ¡Es asombroso que pueda ver esas cosas!
- Bueno, los sucesos sólo están como suspendidos en el aire y yo los observo, de la manera en que un ave presiente la llegada de una tormenta. A excepción de los humanos, que, a diferencia de los animales, generalmente causan sus propias miserias.
- Increíble. ¿También ve su propio futuro? -inquirió el oficial, impresionado.
- Los asuntos personales, por desgracia, nublan mi visión.
- Bueno, agradezco el aviso. ¿Es usted Católico?
- Sí, ¿por qué?
- Aquí hay batalla política entre la Casa de Guisa Católica y la Casa de Coligny Calvinista. La reina ha optado estar del lado de Guisa. Por lo tanto, usted se encuentra en el lugar correcto. Pero cuídese de las cortes parisinas, porque son fanáticas y buscan la más mínima excusa para condenar a cualquiera. Y estoy pensando particularmente en sus publicaciones -. Una lluvia, que apenas estaba comenzando, comenzó a dar golpecitos en el techo del carruaje y los hombres conversaron hasta el final del viaje.
Allí estaba, finalmente: Saint Germain en Laye. El pueblo que los reyes tanto disfrutaban por su clima agradable y por los enormes bosques a su alrededor. En el momento en que el carruaje salió del follaje, el tiempo se aclaró. Luego daban tumbos a lo largo de los interminables jardines de la realeza aparentemente en construcción.
- Los jardines tendrán terrazas con vista al Sena -Morency comentó.
- Parece que llevará un día entero caminar por el -Michel respondió.
- Sí, así es y luego hay aproximadamente cinco mil hectáreas de bosque. Enrique II es un ferviente cazador -. El carruaje ahora pasaba por el nuevo palacio, el cual estaba aún rodeado de andamios. Carretadas de materiales iban y venían de un lado a otro y grupos de obreros trabajaban en la construcción. El huésped, sin embargo, fue llevado al viejo castillo, ubicado justo detrás.
- ¿Me pregunto cuántas habitaciones tiene este lugar? -preguntó cuando vislumbró el colosal palacio.
- Más de cuatrocientas. El nuevo tendrá aún más -su compañero respondió. Los oficiales de policía a caballo se salieron del camino y el carruaje se detuvo en la entrada. Los hombres se bajaron y caminaron hacia las puertas imponentes de la entrada, las cuales fueron abiertas por dos valet. Ingresaron al hall de entrada magistral, en donde dos escaleras de caracol se entrelazaron elegantemente.
- Mi trabajo está hecho. ¡Buena suerte! -el oficial se expresó sinceramente. El erudito se despidió y se sentó en un sofá dorado y examinó el interior mientras esperaba. Donde sea que miraba, cada lugar fue decorado con sumo cuidado. Incluso el techo estaba decorado. Y pensar que el nuevo castillo se iba a convertir en un verdadero modelo en su género...
El valet principal le pidió que lo siguiera hacia el salón del trono, lugar donde, por lo general, se recibían a los invitados. La pareja real estaba esperándolo en sus tronos de oro. Entre ellos había colgada una magnífica pintura de una mujer con una sonrisa misteriosa.*(La Mona Lisa, colección del Rey Francisco I)
- Nostradamus, estoy tan contenta de tenerlo aquí -Catalina de Medici habló con firmeza y su invitado hizo una reverencia profunda, tal como lo exigía la costumbre.
- Enrique, este es aquel famoso astrólogo de Provenza, quien ha estado causando tanta conmoción -informó a su marido-. Solía trabajar como médico y salvó de la plaga a mucha de nuestra gente -. El rey miró de reojo al ilustre compatriota. Su blanco semblante contrastaba nítidamente con el amplio borde negro de su sombrero con pluma marrón.
- Encantado de conocerlo -saludó, por una cuestión de formalidad. "Otro de aquellos intelectuales, bien, él es tu visita Catalina, tú misma te encargas de él" pensó. Michel interpretó sus pretensiones; lo que el rey realmente quería hacer era ir a cazar.
- Tengo curiosidad por sus talentos -comenzó la reina, quien tenía puesto una capa de cuero-, y me gustaría que viniera a mis dependencias privadas mañana por la mañana a las ocho en punto para hablar de eso más en detalle.
- Por supuesto, Su Majestad -. Michel pensó que ella era mucho más inteligente que su marido.
- El lunes de la próxima semana, habrá un fiesta -ella continuó-, en honor al matrimonio del Duque de Joyeux y Lady De Vaudemont, y esta noche hay un banquete. Queda invitado para las dos ocasiones -. El corazón de Michel dio un vuelco al oír el apellido de su primera esposa.
"De Vaudemont; increíble. La novia debe ser una hermana o sobrina de Yolande. Mis antiguos parientes no estarán felices cuando me aparezca allí", pensó. Una confrontación inevitable estaba pendiente en el aire. El rey eliminó los gases y se retorcía con incomodidad en su asiento de oro.
- Muchas gracias por la invitación, Su Majestad. Seguro que asistiré.
- Se espera que nuestros invitados participen del baile de la corte, después de la representación. ¿Conoce estos bailes? -Catalina preguntó.
- En absoluto, Su Majestad.
- Entonces nuestro maestro de ballet le enseñará los pasos necesarios, en algún momento dentro de los próximos días. Pero esta noche nos veremos en el banquete -, y ella ordenó a su valet que acompañara al astrólogo hacia la puerta del salón del trono. El maestro de baile convocado prometió comenzar con las lecciones ese mismo día, pero primero el invitado aprovecharía la oportunidad para tomar un descanso.

Un tanto recuperado del pesado viaje, Nostradamus se dirigió hacia el estudio de ballet, en donde Baltasar lo estaba esperando.
- ¿Aún agotado del viaje, Señor?
- Un poco, pero algo de movimiento no me hará daño.
- También le enseñaré algunas técnicas distinguidas, ya que están inextricablemente conectadas a la danza -. Su invitado pensó que estaba bien y comenzó por quitarse la levita.
- Para el baile de la corte, el atuendo en realidad debe estar impecable -el joven maestro de ballet se rió tontamente-, pero en cualquier caso, parece que está ansioso por su primera lección de baile -y se puso otra vez la levita.
- ¿Conoce algo sobre el baile?
- El baile es la caza femenina y la cacería es el baile masculino -respondió el erudito.
- Bien, colgaré ese proverbio por encima de mi cama -Baltasar volvió a reírse tontamente. Era fácil de llevarse bien con él.
"Escurridizo como una anguila", Michel pensó, ante una inspección más de cerca.
- Bien, será mejor que comencemos porque los De Vaudemont estarán aquí en dos horas; son mis próximos estudiantes.
- ¿Conoce usted bien a los De Vaudemont?
- No, sólo sé que pertenecen a la nobleza. Nuestra reina aprovecha cada oportunidad para organizar una fiesta -Baltasar comentó sin inmutarse y comenzó la lección.
- Un cortesano debe tener educación general, pero, por encima de todo, se espera que él se mueva con elegancia. Todo lo que se haga en la corte debe realizarse con gracia y donaire. Los movimientos duros o aquellos en do de el esfuerzo se deja ver son considerados pecaminosos -. Los caballeros se mueven hacia la pista de baile.
- En el baile, la danza seguirá patrones establecidos. Por ejemplo, así -y mientras el maestro de baile marcaba los tiempos, le demostraba algunos pasos.
- Al mismo tiempo, debe seguir las reglas sociales. Sígame, por favor -y Michel copió el Pas De Bourré.
- Este es bastante desafiante -dijo cuando sus piernas se enredaron todas.
- Le daré una serie de ejercicios en un papel, el cual lo ayudará a controlar sus funciones motoras -el instructor sugirió.
- Bien, eso me dará algo para hacer. ¿Supongo que el ballet es la actividad favorita de Catalina de Medici?
- Tiene razón. La nobleza puede reconocerse a través de la postura de una persona, de acuerdo con su reina. Desafortunadamente, el marido no está de acuerdo con ella y fue ella quien trajo los modos refinados la corte francesa. Trajo una variada compañía de cocineros, artistas y músicos con ella desde Florencia, después de la boda. Tendrá la oportunidad de conocerlos -y continuó danzando. Justo cuando Michel pensaba que le había tomado la mano, todo se le confundió otra vez y el afectuoso maestro de ballet lo tomó de la mano. Al finalizar, practicaron una danza geométrica, después de eso, la primera lección finalizó. Mañana continuarían.
Se terminaba la tarde y Michel caminaba afuera para respirar algo de aire fresco. Caminó por un parque, en donde varios jardineros estaban plantando arbustos. Al pasar, miró el desarrollo del nuevo castillo adelante. Detrás de un cantero de flores, había un cortesano, quien de pronto comenzó a saludarlo como un desaforado.
-Vaya, vaya, si es el marqués De Florenville. Mi pasado me persigue una vez más.
Era por supuesto el castillo del señor quien había tratado de engañarlo en el pasado y el marqués con entusiasmo corrió hacia él para saludarlo.
"Creo que se ha reformado ahora que soy famoso", el astrólogo pensó con desdén.
- Es un privilegio volverlo a ver - el sangre azul lo saludó.
- Sí, ha pasado mucho tiempo.
- Sí, por supuesto que sí, y no nos hemos puesto más jóvenes, ¿verdad?
- ¿Aún va hacia Estrasburgo? -Michel preguntó.
- Últimamente me he quedado en la corte ante todo, por asuntos políticos -De Florenville contestó, mientras el sol desaparecía detrás del horizonte. Estaba haciendo más frío ahora y el erudito indicó que quería regresar dentro.
- ¿De qué clase de asuntos políticos se ocupa? -indagó cuando entraban juntos al palacio.
- Bueno, es una larga historia…
- Tenemos una hora antes de que comience el banquete -dijo Michel y el marqués comenzó a hablar.
- Mi amigo Erasmus, a quien estoy seguro de que usted recuerda, sentía que ciertas partes de la Biblia no estaban traducidas correctamente del latín -le narraba, mientras caminaban por los corredores -. Entonces tradujo el Nuevo Testamento griego y lo hizo publicar. El reformador alemán Luther explicó con más detalle esto y su movimiento protestante escandalizó a Francia. Algunos Hugonotes de Estrasburgo me pidieron que representara a este movimiento en París y no pude negarme. Por consiguiente aquí estoy. ¿Ha oído alguna vez de los Coligny?
- Sí, supe de ellos recientemente. ¿Pero eso no lo convierte en el enemigo político de la familia real?
- Desde un punto de vista formal, sí -De Florenville acordó-, pero el rey no se ocupa de la política y Catalina piensa que los guisa son también poderosos. En realidad trata de acercarse a nosotros. Esa bruja malvada, perdón por mi expresión, puso en contra a los Guisa y a los Coligny.
- No sabía que existiera tanta inclinación hacia el protestantismo -agregó Michel.
- Bueno, está creciendo día a día, en especial al norte de Francia. Incluso hay algunos fanáticos entre la familia real. Pero dígame algo más; ¿qué hace aquí? -y el marqués lo miró con expectación.
- La reina me ha pedido una consulta -el vidente develó.
- Oh, y cuáles fueron sus conclusiones -el político preguntó, a la pesca de detalles picantes.
- No hablaré con Su Majestad sino hasta mañana, y no tengo autorización para hablar del contenido de la consulta con nadie. Confidencialidad del profesional. Lo que puedo decirle es que al rey no le interesa la astrología.
- Bueno, ¡todo el mundo lo sabe! -el marqués dijo adiós a su comentario-. Resulta ser que Enrique II no está interesado en nada absolutamente. Pero se ha corrido el rumor de que ha tomado posesión de todos los tesoros de la iglesia par construir el chateau extremadamente caro. Ve, ese es el problema con los católicos, son tan hipócritas. Excepto por unos pocos buenos, por supuesto. Robar a la Iglesia no es problema para mí; creo que es demasiado poderoso de todos modos -… El erudito se estaba informando bastante bien sobre el nido de víboras político a través del todo este chisme y sintió que había oído suficiente.
-Aún tengo que cambiarme. Lo veo en el banquete -cortó la conversación y luego subió la escalera de caracol central hacia su habitación en el tercer piso.

Un ratito después, el vidente acicalado entró al comedor, en donde el gran banquete ya había comenzado. Se armaron dos mesas largas y exorbitantes, con aproximadamente quinientos invitados sentados alrededor de ellas. Un acomodador escoltó a la celebridad hacia la mesa de la pareja real. Los dos estaban sentados a la cabecera de la mesa, para que hubiera bastante distancia entre ellos. La otra mesa era para los miembros de la nobleza más baja, que era en donde el marqués también había tomado su lugar. El astrólogo estaba sentado de frente a los De Vaudemont, sorprendentemente, y cuando vieron a su antiguo integrante de la familia, se pusieron tensos. Se codeaban el uno al otro asombrados para alertarse de la llegada del profeta del desastre. Eran los hermanos y hermanas de Yolande. Aunque había envejecido y estaban canosos, eran fácilmente reconocibles. Sus padres habían muerto probablemente. La novia resultó ser Elise, la hija de Désiree y a su lado estaba el Duque de Joyeux. Todavía odiaban a Michel y su presencia arruinó su fiesta. Se sirvieron toda clase de manjares, entretanto, y el astrólogo convocado logró disfrutarlas a pesar de los rostros avinagrados frente a él. La reina ahora propuso un brindis por el futuro de la novia y el novio y elevaron sus copas unánimemente. El único que no lo hizo fue el rey porque estaba demasiado ocupado entreteniéndose con algunas damas de honor. Michel pudo percibir de las conversaciones a su alrededor que Catalina era descendiente de una rica familia de banqueros y que la familia real francesa se fortalecería por eso. Enrique II era más inteligente de que parecía. Después de que los invitados habían comido hasta saciarse, comenzó el aburrimiento y la conversación se tornó mordaz y reprimida. El tema se dirigió hacia la política y con muchos de los Guisa y de los Coligny en la sala, la tensión comenzó a aumentar. Durante la feroz polémica, le solicitaron a Nostradamus que predijera el futuro religioso de la casa real. Había demasiado interés; todos querían conocer lo que el explorador de los cielos diría sobre eso.
- En ochenta años -hablaba con elocuencia-, veo nacer a un Rey Sol en este palacio.
- ¿Pero será protestante? -presionó Coligny, el líder del grupo con el mismo nombre.
- De todos modos, será cristiano -el vidente respondió cautelosamente. No obstante, las cosas se descontrolaron después de eso y una discusión desvergonzada tuvo lugar a continuación. Michel decidió que ya estaba harto, después del postre, mientras la reina miraba con desánimo.

A la mañana siguiente, visitó a Catalina de Medici en su dependencia privada. Era evidente que ella había decorado la sala de acuerdo con su gusto personal, porque estaba lleno de pinturas de ricos ancestros que posaban delante de sus residencias en Florencia.
- Venga y siéntese a mi lado -ordenó la reina y Michel se sentó en el sofá.
- ¿Desea un dulce? -preguntó mientras sostenía un tazón de caramelos frutales delante de él.
- Gracias, Su majestad -y tomó uno de los exquisitos caramelos.
- ¿Está disfrutando su estancia aquí, hasta ahora, aparte de la discusión de anoche?
- Bueno, por supuesto estoy impresionado con toda la grandeza y la magnificencia.
- Esa es la idea. Mucho dinero gastado en asuntos aparentemente inútiles, tales como fiestas, triunfos y palacios, pero así es cómo intentamos impresionar a embajadores extranjeros para lograr mejores negociaciones. Y con el dinero ganado, podemos fortalecer nuestro ejército.
"Es una mujer astuta", se dio cuenta. "Estoy seguro de que dirige al país entre bastidores".
- Le he solicitado que viniera aquí -comenzó-, porque me gustaría que me redacte un horóscopo para mí. Todos hablan de usted y tengo mucha curiosidad por averiguar lo que las estrellas tienen que decir sobre mi vida. ¿Puede hacer eso para mí?
- Por supuesto que sí, pero necesitaré la fecha exacta de su nacimiento. Catalina inmediatamente ordenó al valet que fuera a buscar los documentos de nacimiento de ella.
- ¿Cuántas horas le llevará? -preguntó.
- Desafortunadamente, esto lleva varias semanas; no tengo el equipo necesario conmigo y puedo sólo trabajar apropiadamente en casa.
- Bueno, este es un malentendido de mi parte entonces, pero está bien, tendré que ser paciente. ¿Hay algo que pueda decirme en este momento?
- Primero tendré que concentrarme, Su Majestad.
- Adelante -y Nostradamus cerró sus ojos. Pronto entró en otros mundos y comenzó a mover la cabeza.
- Veo…, veo que el ballet de la corte experimentará un enorme desarrollo debido a sus esfuerzos. Se fundarán academias especiales de danzas.
- Esa es una buena noticia. Adoro el ballet. ¿Ve que algo suceda durante mi vida también?
- Algo sobre Roma está por llegar…
- Eso es bastante posible. El difunto Papa Leo X, quien estaba establecido en Roma, era mi primo segundo, Giovanni di Lorenzo de Medici -. La reina ahora estaba sentada al borde de su silla.
- Este, gobernar está en su sangre -farfulló.
- ¿Quiere decir que gobernaré al país?
- Sí, eso está por venir.
- Pero, ¿eso significa que mi marido ya no vivirá? -preguntó asustada. Michel asintió con la cabeza con compasión.
- Enrique y yo tenemos un matrimonio de conveniencia, pero sinceramente espero que eso no se haga realidad.
- Nada está escrito, Su Majestad; todo está sujeto a cambio. Pero las ideas divinas se develan ante mí y cada una de ellas es verdadera. Es sólo una cuestión de cómo y cuándo. Si la semilla de un árbol recibe poca agua o luz, posiblemente jamás aparecerá, pero jamás será un roble.
- ¿Podría decirme lo que sucederá con mi marido? Tal vez podamos hacer algo para prevenirlo.
- No está claro en mi mente y también no quiero desprestigiar innecesariamente a su marido. Pero si su marido desea que yo se lo devele, podría investigarlo más profundamente.
- No mucha oportunidad de eso -dijo y luego, de pronto, cambió de tema; Catalina se paró repentinamente y dejó caer su vestido a sus pies. Completamente desnuda, lo miró de manera seductora.
- ¿Y usted cree que soy atractiva?
- Bueno… comenzó con evasivas, cautelosamente.
- Sí, ya no soy más una doncella esbelta.
- Para el jefe verdadero de Francia, usted se ve muy bien -y se inclinó ante ella.
- Um, usted huele agradable -expresó mientras presionaba su nariz sobre la cintura de ella.
- Ventilo mi cuerpo todos los días -explicó.
- Ojalá todos fueran tan sabios. Alternar baños calientes y fríos es muy bueno, también -y acarició su trasero. Catalina coquetamente disfrutó su toque.
- Bueno, su salud es excelente -dijo entonces el doctor-. Puede vestirse.
- Caramba, es casi tan astuto como yo -y, divertida, se puso su vestido. El valet regresó con los documentos de nacimiento.
- Nuestro deseo es una Francia fuerte y estable y el mantenimiento del poder de la casa real de Valois -comenzó la reina, con una mirada seria en su rostro-. ¿Puede aconsejarnos cómo mi marido y yo deberíamos manejar las diferencias políticamente religiosas con el fin de lograr esto?
- Primero prepararé un horóscopo para usted, Su Majestad. Después de eso, llegará a conocer sus puntos fuertes y débiles, luego, usted misma tendrá que poner en práctica el conocimiento. Vea, no se me permite conducir la vida de otro, sin importar cuánto yo desee satisfacer sus deseos.
- Bon, valoro su integridad. Entonces lo dejaremos solo por ahora. Nos veremos el próximo lunes en el baile -y ella finalizó la conversación.

Eran las once en punto de la mañana, hora en que iba a comenzar el espectáculo teatral en honor de la boda del Duque de Joyeux y Elise de Vaudemont. Usando sus pantalones bombachos simples, Michel se dirigió al salón de baile gigantesco y desfiló entre los invitados extremadamente emperifollados, algunos de los cuales él ya había conocido en los palacios. Todas las damas parecían obras de arte: vestidos muy amplios con tocados extravagantes. Los caballeros, también, tenían puesto fabulosos sombreros o pelucas caras, y los dos sexos andaban por la sala con movimientos formales exagerados. Alguien puso en la mano de Michel un programa.
- Veamos qué dice -farfulló y lo abrió. Ya habían visto al famoso astrólogo, por supuesto, y tres entusiastas damas de honor corrieron hacia él.
- Señor Nostradamus, qué agradable es tenerlo aquí -llamaron-, ¿le gusta el ballet?
- Bueno, en realidad no puedo decir que soy un aficionado, pero, desde luego, tengo curiosidad de ver la actuación de mi instructor de baile en la obra Ballet Comique de la Reine -admitió.
- Pero el Ballet Comique de la Reine es el nombre de la compañía -Angelique , la dama del sombrero azul lo corrigió.
- ¿Qué representarán entonces?
- Circe de Homero.
- Oh, una de las piezas mejores conocidas de la Odisea -el erudito lo conocía.
- De Beaujoyeux también hizo la coreografía -Collete, la dama del sombrero rosa interrumpió.
- No tengo conocimiento de ese -agregó Michel.
- Está en el programa -continuó.
- No he tenido la oportunidad de verlo todavía, damas -y nuevamente intentaba mirar el papel cuando se impuso la tercera dama.
- Habrá cantantes, bailarines, músicos, animales artistas de circo y más -le informó. La sala, entretanto, se había llenado al máximo con miles de cortesanos e invitados de todo el país.
- ¿Imagino que es la primera vez que asiste a una fiesta De Medici? -preguntó Collette.
- Sí, en realidad, es la primera vez -admitió.
- Será mejor que se prepare entonces -advirtió Angelique -. Sólo el ballet lleva cuatro horas.
- ¿Cuatro horas?
- No se preocupe; durante todas las actuaciones puede entrar y salir libremente -le aseguro Collette.
- Probablemente debería ayudarlo a familiarizarse con la corte -ofreció Angelique.
- Yo conozco el lugar mucho mejor que ella -agregó Collette, no permitiendo que su amiga se mofe de ella.
- Creo que su señoría preferiría practicar discriminación -la tercera dama de honor superó la competencia. De pronto las damas ya no se toleraban más.
- Estoy felizmente casado y tengo hermosos niños -el astrólogo reafirmó -. ¡Buen día, damas! - Levantó su sombrero y siguió su camino. La audiencia se encontraba en tres lados de la zona de la actuación. Parte en las galerías, en donde el rey y la reina y la pareja de casados estaban ubicados y parte debajo, donde Michel se unió a la multitud. La actuación comenzó un escenario impresionante se trasladaba mecánicamente al lugar. Un coro de baile recitó un poema de amor para los recién casados y representó algo alegórico de amor conyugal. Después del modesto homenaje, la atmósfera se tornó exuberante y actores con trajes coloridos se desplazaban de un lado al otro. Después de un rato, un grito de placer se adentró en la sala a medida que un elefante de verdad salía de los bastidores. Se hizo uso de todos los recursos posibles. Varios animales exóticos pasaban trotando, seguidos de una multitud de soldados que marchaban, emulando una batalla. La audiencia observaba el espectáculo lleno de admiración y al ver sus fuerzas armadas le levantó el ánimo del rey. Enrique II incluso se levantó de su silla por un minuto cuando el capitán de su guardia personal se batía a duelo con un escocés.
- Mira antes de dar un salto -Montgomery gritó a su enemigo con afectación. Los dos hombres de la milicia se pararon y se enfrentaron en el escenario con arsenal completo. El escocés comenzó el ataque y empuñó su espada al capitán, pero habilidosamente él la desvió con su escudo. Fue una representación electrizante y el capitán se preparó para un contraataque. En todo el entusiasmo, el rey olvidó que solo era una obra y alentó a Montgomery desde el balcón.
- Atrápalo, Capitán -gritó a través de la sala. La audiencia decidió elegirlo a él como su favorito y fuertemente lo alentó.
"Maldición, ahora sé lo que matará al rey: una práctica de duelo", Michel se dio cuenta de pronto. La audiencia desenfrenada distrajo a Montgomery; el escocés inteligentemente se aprovechó de la confusión. Trató de atravesar brutalmente con su espada al capitán, pero rebotó en el casco.
- ¡Le fallaste! -los espectadores gritaron con alegría.
- Creo que voy a tener que conducir a mi propia guardia -el rey refunfuñó a su esposa. Pero Montgomery ahora llevaba la delantera y después de una colisión entre dos guerreros, el escocés cayó al suelo, después de eso, el capitán empuñó su espada por encima de la cabeza de su víctima en señal de victoria. Un telón rojo cayó delante del escenario y el posible golpe de muerte quedó a la imaginación de la audiencia. Mientras rápidamente cambiaban el escenario, todos tenían la oportunidad de comer y beber algo. Los juegos políticos aún continuaban. De Coligny, quien estaba parado en frente de Nostradamus, le dio una señal obvia con su mano, la cual provocó que varios miembros del partido salieran silenciosamente de la sala, algunos de los Guisa se dieron cuenta de eso.
"Qué montón de idiotas", pensó el erudito y no prestó más atención a ellos. El escenario entero volvió a abrirse espectacularmente y la escenografía del Ballet Comique de la Reine apareció. La audiencia volvió a ubicarse en sus lugares y vio al maestro del ballet aparecer primero en escena. Balthazar representaba el papel de la hechicera. Los bailarines actuaban la historia, en pantomima. El ballet llevaba mucho tiempo por cierto y los cortesanos entraban y salían de la sala regularmente. A mitad de la representación Mercurio descendió; el mensajero de los dioses fue traído con un cabrestante.
"Casi parecía como si Hermes me estuviera siguiendo" el astrólogo contemplaba. Entre tanto ruido, los bailarines interrumpieron su reflexión acerca de las señales desde arriba y luego Balthazar mostró un ballet de proeza.
"Ah, querido, pronto tendré que esmerarme para causar la mejor impresión", y Michel mentalmente repasó los pasos de baile debería poner en práctica después de la representación. Cuando Circe de Homero se terminó, todos los bailarines saltaron del escenario y pedían a todos que se unieran a ellos. Los nobles entraban a la pista de baile, mientras el resto de la audiencia observaba con interés. Michel también se unió a la danza Bassa el cual incorporaba muchas reverencias y giros. Sin embargo, por los patrones geométricos y la ropa ajustada, los participantes se parecían más a marionetas que a personas bailando. El rey y la reina habían bajado del balcón y entraron con aire ceremonioso a la pista de baile con la familia De Vaudemont siguiéndolos detrás. El vestido cónico de Catalina era tan amplio que cinco atuendos masculinos podían caber debajo. Su marido tenía puestos largos zapatos, cuyas puntas eran tan largas que mantenían a todos a una distancia. Después de la danza Bassa, la reina se puso de pie para hablar.
- Estimados amigos, por favor córranse a un lado por un momento; me gustaría pedirle a la novia y al novio que pasen a la pista de baile para comenzar la danza geométrica.
Elise de Vaudemont y el Duque de Joyeux se presentaron y la pareja comenzó a moverse elegantemente al compás de la distinguida música. Una pareja se sumó y los bailarines formaron largas hileras, que luego formaba círculos o triángulos. Michel siguió la danza desde los lados. El baile era un placer especialmente estético para los espectadores. La atención de los De Vaudemont estaba ahora completamente absorta en la pareja de recién casados que bailaba y perdieron el rastro de su enemigo acérrimo.
"Me pregunto ¿en qué momento de la noche sucederá?" el vidente pensó, ya que podía darse cuenta de la tensión oculta.
- Danse-haute, por favor -Catalina de repente ordenó a los músicos, como si ella hubiera oído sus pensamientos. Era el baile en donde todos debían continuamente cambiar parejas tras un pequeño salto.
"Ajá, esta será la confrontación: un dueto con una de las mujeres De Vaudemont", Michel sonrió mientras se adentraba a la pista de baile. A pesar de su enorme vestido, la reina también estaba participando y después de cambiar varias pareja unas pocas veces, ella llegó a Nostradamus, delante de él.
- Siento como si nos conociéramos de años, Doctor -le dijo seductoramente. Su invitado favorito la miró con un pequeño brillo y con gracia la dio vuelta.
- ¡Felicitaciones! -exclamó luego-. Realmente le ha tomado la mano -, y saltó hacia otro bailarín. Mientras el erudito recibía a una nueva dama, vio que Elise sería la próxima pareja de baile. La novia había llegado a la misma dolorosa conclusión y estaba desesperadamente tratando con la mirada de hacer contacto con los miembros de su familia.
"Una muchacha chiflada, igual que el resto de su familia", Michel evaluó. "No me va a manipular. Me pregunto si se retirará del todo". La dama atractiva del día buscaba furiosamente la manera de salirse del baile, pero finalmente, no pudo hacer nada más que dar el pequeño salto acostumbrado y terminó delante del vidente.
- ¿Me permite esta pieza? -le preguntó con una mirada penetrante en sus ojos y Elise fingió un desmayo. La gente alrededor de ellos reaccionó emocionalmente cuando vieron que la novia caía al suelo y los músicos dejaron de tocar. El Duque de Joyeux, para su desgracia, vio a su esposa que yacía en la pista de baile y corrió hacia ella. Su familia política de pronto estaba absorta en el lugar.
- Que alguien traiga al médico de la corte -gritó dejándose llevar por el pánico. La reina decidió lo contrario y resueltamente se dirigió al lugar del incidente.
- Sr. De Joyeux, ya hay un médico presente -expresó calmadamente.
- Dr. Nostradamus -continuó-, como médico seguramente puede decirnos ¿qué pasa con la novia?
- Es obvio que no veo cambio objetivo alguno, Su Majestad.
- Por favor, observe a la dama más de cerca -le solicitó y se inclinó sobre Elise y revisó el latido de su corazón, solo para mostrar.
- Me las arreglaré por ti, muchacha -le susurró y después de realizar algunos pequeños exámenes más se dirigió al novio: "Su esposa sufre de un Síncope Vasovagal".
- Ah, ¿y qué significa eso? -el duque tartamudeó.
- Significa que se desmayó y el pronto volverá en sí. Probablemente se sentía un poco abrumada -. Ahora el rey también estaba interesado en el incidente y se acercó para observar más de cerca a la novia desplomada en el suelo.
- Bueno, eso no es raro por aquí -comentó. En ese momento Elise comenzó a fingir una tos y empezó a hacer gestos intentando levantarse.
- ¿Puede alguien por favor ayudar? -su marido pidió con ansiedad. Los miembros de la familia corrieron hacia adelante y ayudaron a la afectada celebrante a levantarse de la pista de baile, en donde fue asistida en una silla. Catalina ordenó que todos continuaran la fiesta y la atmósfera festiva se restauró. Durante las suites populares, el rey inesperadamente entró en el ambiente y bailó una pieza con su esposa.
- Estás de buen humor hoy, Enrique -le expresó.
- Las chicas perdidas son buenas para mí -bromeó y giraban al ritmo de la música.
- No son perdices -contestó, cuando lo enfrentó otra vez.
- Tienes razón, mi querida esposa. Disparar a las perdices es mucho más excitante -. Las suites llegaron a su fin y los De Vaudemont se fueron de la sala lanzándole una última mirada asesina al malvado mago. Después de las festividades, hubo un banquete de cierre, pero Michel también decidió que ya había sido suficiente y se retiró para poder dormir algo. Había sido un día lleno de acontecimientos.

A la mañana siguiente, el erudito se despidió de la reina antes de volver a su hogar. Un valet lo acompañó hasta la habitación de la reina.
- ¿Todo está como usted lo desea, Doctor? - preguntó Catalina, quien estaba en reunión con sus concejales.
- Sí, Su Majestad, pero estoy aquí para despedirme; partiré dentro de poco.
- Oh, lamento oír eso. Por otro lado, estará preparando mi horóscopo -y ordenó a los concejales que se retiraran de la habitación por un momento.
- Quería elogiarlo por su actuación anoche -continuó cuando se quedaron solos.
- ¿Se refiere al incidente con Elise de Vaudemont?
- Sí, por supuesto. Resolvió ese problema muy discretamente. La actuación no es su punto más fuerte. ¿Pero por qué el resentimiento? Parecía como si los De Vaudemont estuvieran listos para beber su sangre.
- Es una vieja historia, Su Majestad. Una vez estuve casado con una De Vaudemont -. Lo comentó de manera tal que dejó entrever que no tenía intención de proporcionar más detalles.
- Ah, bueno, de acuerdo, le deseo un viaje de regreso placentero, Doctor. Y estoy segura de que nos volveremos a ver -y ella le entregó un pago generoso por el trabajo que aún debía terminar. Se despidió de él con un guiño seductor. Ni bien Michel se había sentado en el carruaje que de pronto sintió dolor por todo su cuerpo. Sentía como si todas sus articulaciones estuvieran en llama.
"Debe de ser la gota", se diagnosticó el mismo con preocupación. "Tendrás a un pequeño pájaro enfermo en casa, mi querida Anne".
Durante el largo viaje de regreso, las inflamaciones seguían empeorando y con gran dificultad y mucho dolor, llegó a Salon de Provenza. Sintiéndose descompuesto, descendió del carruaje y caminó hacia la puerta del frente dando pequeños pasos laboriosos.
- Oh, no, no otra vez -su esposa pensó cuando lo observaba por la ventana y vio que luchaba.
- Quiero que salgan por la puerta de atrás y vayan a jugar afuera por un rato -le dio instrucciones a los niños. Desaparecieron sin discusión.
- Me temo que no puedo darte la bienvenida con alegría -se quejaba en la entrada-. Espero que no te hayan envenenado -y agarró a su marido cuando comenzaba a caer.
- No esto es mucho peor; se está haciendo crónico -le dijo. Anne apenas pudo llevarlo arriba y acostarlo.
- Por favor quédate y recuéstate conmigo por un rato, te extrañé tanto mientras estuve fuera - le pidió y ella se deslizó bajo las cobijas con él. Michel se alivió cuando sintió la piel de ella contra la suya.
- Ah, esto ya está haciendo maravillas -y se quedó profundamente dormido.
Pasaron semanas antes de que se sintiera él mismo otra vez y luego se puso a trabajar inmediatamente. En su estudio, con cuidado comenzó a preparar la carta astrológica de la reina.
"Veamos. Nació el 23 de abril de 1519. Es de Tauro con ascendencia en Escorpio", dedujo de las tablas. "Qué mujer", farfulló, un rato después, cuando estaba completando las doce casas con los signos astrológicos. "Tranquila, fuerte, astuta, socialmente experta y con Júpiter en la cuarta casa, no va a perder sus posesiones. No es fácil enloquecerla, aunque, ¿con el Sol en séptima casa y la Luna en la décima casa? Eso será reprimido. De vez en cuando ella debe de ponerse muy celosa y cuando lo hace, no es capaz de ser indulgente. ¡Cuidad! Parece que la Casa de Valois tendrá problemas después de su muerte". Luego de haber completado la descripción de la personalidad de la reina, inmediatamente le envió el horóscopo.

El aroma a comida cociéndose se elevó por las escaleras hasta el ático. ¡Anne estaba ocupada en la cocina!
"Tendré que ir y observar más de cerca eso", pensó Michel. Guardó la pluma y descendió las escaleras con aire despreocupado.
- La nuez moscada se acabó toda -le dijo cuando entró.
- Te compraré un poco mañana en el mercado -le prometió mientras se sentaba en un banco a la mesa de la cocina.
- ¡Oye, tomates! -exclamó mientras que olisqueaba a su alrededor.
- Ajá, mi señor adivina aromas también -bromeó-. Tendrás spaghetti a la boloñesa en tu plato en un minuto. Probablemente una comida más simple que aquella que comiste en el palacio de la reina, pero tendrá que ser así.
Madeleine entró.
- ¿Ya está la comida, mamá? -preguntó.
- Casi. Bien podrías ir a buscar a Paul y a César ahora -y su hija salió corriendo.
- Antoine vendrá a comer con nosotros también -le informó a su marido.
- Qué agradable. Prepararé la mesa para la ocasión -expresó y se dirigió a la sala con la mantelería. Los niños entraron dando saltos un momento después, llenos de energía vigorosa y corrieron a poner la mesa.
- ¡Oigan, cálmense, niños! -el padre les advirtió y acercó más la silla alta de André. A Diane, la más pequeña, todavía la empleada doméstica le estaba dando de comer.
- ¿Qué es ese sonido extraño que estoy oyendo? -Michel se preguntó en voz alta.
- Ese es André con un sonajero -contestó César-. Mamá se lo compró ayer -. El padre se dirigió a la sala de estar y vio al niño pequeño que jugaba con el juguete de lata. Lo llevó al comedor y lo ubicó en la silla alta. Golpearon fuerte la puerta del frente. Ese debe de ser Antoine.
- ¡La puerta está abierta! Michel gritó y su hermano entró.
- Hola, Antoine, es maravilloso que esté aquí.
- Bien, avanzando, ¿alguna novedad del frente real?
- No, acabo de enviar el horóscopo -. La señora de la casa, entretanto, ponía la fuente con spaghetti sobre la mesa y le pidió a su marido que fuera a buscar una jarra de vino del sótano.
- ¿Has estado cobrando impuestos últimamente, Antoine? -Anne acusó.
- Me promovieron a inspector -su cuñado expresó de repente con una sonrisa.
- Bueno, vaya, todos tenemos suerte, ¿no es así? Felicitaciones. ¿Y ahora estás a cargo de nuestro distrito? Porque en ese caso, tendremos una reunión privada contigo.
- En realidad no puedo favorecer a nadie -respondió seriamente.
- Estaba bromeando -explicó Anne.
"No tienen exactamente el mayor sentido del humor, los Nostredame", pensó, y ubicó las copas sobre la mesa. Su marido regresó con el vino.
- Niños, ustedes beberán limonada hoy -dijo y comenzaron a aplaudir.
- Tu hermano ha sido promovido a inspector -su esposa le informó.
- Esa es una buena noticia. ¿Estamos en tu distrito ahora? -preguntó Michel, pero Antoine no lo miró a los ojos.
- Pensé que no podías cocinar -el inspector le dijo a Anne un rato más tarde.
- Aprendí de memoria el libro de cocina de mi marido -confesó-. Su libro La Traite incluso se está publicando en Antwerp.
- ¡Preferiría "retraite"! -el invitado bostezó. Mientras tanto, los niños bebían la limonada haciendo ruido y el padre servía la pasta.
- ¿Qué es eso? -Paul preguntó al ver los extraños filamentos pastosos con desconfianza.
- Es un plato italiano, hijo. Bon appétit -deseó a todos. Pauline comenzó a separar cuidadosamente los filamentos y sus hermanos siguieron su ejemplo.
- ¡Está delicioso! -Michel elogió a su princesa de la cocina. No les llevó a los niños mucho tiempo para descubrir las posibilidades de la tonta comida e hicieron un concurso para ver quién era el más veloz en succionar un fideo.
- No jueguen con la comida -el padre los reprendió y rápidamente los comieron.
- Es obvio que escuchan bien -Antoine comentó mientras bebía un trago de agua de manantial-. A propósito, ¿sabías que Bertrand está trabajando en un proyecto prestigioso?
- No, no lo sabía. ¿Y tú, Anne? -. Pero su esposa tampoco sabía nada al respecto.
- Bertrand va a estar cavando el canal del ingeniero Craponne -le contó Antoine.
- ¿En serio? -Anne expresó sorprendida.
- Sí, nuestro hermano se ha convertido en un gran contratista. Es un proyecto gigantesco que le proporcionará mucho dinero.
- Aún de pequeño, ya estaba renovando la casa -Michel recordó.
- Se supone que el canal hará que La Crau sea fértil -su hermano continuó -. Ya han empezado a cavar en el Durance y quieren que el canal llegue con el tiempo hasta Salon, pero eso llevará años.
La empleada doméstica entró con Diana que lloraba en sus brazos.
- Madam, no puedo encontrar la tenaza por ningún lado -dijo con nervios.
- Está en el cajón de arriba de la cómoda al lado de la chimenea -Anne respondió y la empleada desapareció.
- Michel, ¿qué opinas de ir a visitar a tu hermano? -su esposa preguntó.
- Creo que es una excelente idea.
- Por casualidad ya tengo una reunión arreglada con Bertrand en Saint Rémy mañana -recalcó Antoine-. Le diré que vendrán.
- Creo que será interesante verlo trabajar en su proyecto -Michel insinuó-. ¿Qué opinas, Anne?
- Fascinante, pero son más que veinte kilómetros de distancia y parte es terreno muy escabroso.
- Podemos hacerlo -dijo su marido-. Pregúntale a Bertrand si no es molestia.
- Bien, lo haré -prometió Antoine. La fuente de spaghetti estaba vacía ahora y los niños salieron a jugar al patio trasero.
- Bien, será mejor que me marche ahora -y Antoine saludó a todos.
El padre se sentó en la terraza para hacer la digestión y observaba a sus niños de una distancia mientras jugaban con un balón.
- Maldición -Anne gritó de repente desde la cocina y salió corriendo al patio.
- ¿Quién arrojó los spaghetti al techo? -preguntó furiosa.
- Paul -todos los niños contestaron, asustados, pero el inculpado había huido de la escena.
- Va a tener problema para cuando regrese -la madre dijo a gritos.

Unos días después, Michel y Anne fueron a La Roque, a caballo. Bertrand estaba cavando allí con sus empleados. Los niños permanecieron en casa con la empleada doméstica. Luego de un viaje difícil por el norte montañoso de La Crau, de donde fluía el rio Durance, ellos encontraron que en el lugar de la excavación se estaba trabajando con toda energía. Amarraron los caballos y entraron al vagón de construcción que estaba aparcado a unos pocos metros de las actividades. Un hombre mayor estaba dentro, sentado a un escritorio y escribiendo diligentemente que no se dio cuenta de que ellos entraron hasta que Michel tosió cortésmente.
- ¡Mi famoso hermano y su esposa! -Bertrand gritó con entusiasmo.
- Veo que también te va bien en lo tuyo -Michel agregó y se dieron un abrazo.
- Siéntense -Bertrand los invitó y los trajo un banco de madera.
- ¿Cómo te está yendo con tu trabajo? -preguntó después de que se sentaran.
- Las Profecías están progresando bien -su hermano respondió, siempre reservado cuando se trata de su trabajo.
- Incomprensible. ¿De dónde sacas todo eso…
- ¿Y cuántos kilómetros estás cavando aquí? -Michel preguntó.
- Veintiséis kilómetros y ciento cincuenta metros, para ser exacto -el maestro de obras calculó para ellos. Se parecía mucho a su hermano: ojos penetrantes, mejillas rojas, pelado, barba gruesa, nariz derecha. Sus personalidades, sin embargo, eran como el día y la noche.
- Deben de estar sedientos -y sin esperar respuesta alguna, Bertrand sirvió tres jarras de cerveza.
- Ves, el canal va a estar justo aquí -hurgó en su bolsillo y sacó un mapa del proyecto planeado. Y mientras su instruido hermano se encontraba seriamente absorto en el mapa, Bertrand y Anne brindaron alegremente.
- Un brindis por el canal -ella dijo con extravagancia. Uno de los obreros entró momentos más tarde.
- Encontramos algo interesante -informó.
- Nuestro arqueólogo -Bertrand susurró y lo siguieron hacia afuera hasta una pila de escombros desenterrados.
- Miren, varios pedazos de un antiguo mosaico -el obrero explicó y les mostró un mosaico roto que tenía parte de una serpiente con una manzana en la boca.
- Debe de provenir de los tiempos romanos -Bertrand sospechó-, los Cristianos no usan este símbolo.
- Pero los Cátaros sí -Michel agregó y se acercó más a la excavación. Mientras los demás estaban admirando los fragmentos, él buscaba pistas. Encontró algo.
- En el fondo del canal, hay un rastro de un muro circular -comentó y todos se acercaron para ver.
- Probablemente solía ser un aljibe adornado con baldosas decorativas -continuó-. ¿Sería mucha molestia si me llevara este fragmento con la serpiente a casa? -preguntó su hermano-. Me fascina.
- Por supuesto -Bertrand se encogió de hombros. Regresaron dentro.
- ¿De dónde conoces a Adam de Craponne? Vive cerca de nosotros en la ciudad, en ningún lado cerca de ti -Anne preguntó después de que se había llenado los vasos de cerveza otra vez.
- El ingeniero trabaja con todas los municipios que me han recomendado -Bertrand explicó-. En realidad, está en busca de más financiación. ¿Te interesaría?
- No sé. ¿Qué opinas? -Anne preguntó mirando a su marido, quien parecía que no comprendía nada.
- Estoy seguro de que sería una buena inversión -Bertrand agregó persuasivamente-. Además del hecho de que serías copropietario, habrá un ingreso de la venta del terreno alrededor que será fertilizado por irrigación. Y las ganancias serán divididas entre los propietarios.
- Suena realmente interesante -Michel respondió con cautela-. Lo consideraremos -. Cuando la cerveza se terminó, el constructor debía regresar al trabajo y prometió visitarlos pronto en Salon de Provence con su esposa.

Al regresar a casa, ellos hablaron sobre la atractiva inversión.
- Tal vez sea algo para tener en cuenta para nuestra vejez -Anne sugirió-, momento en que no podemos hacer nada -. Su marido también pensó que parecía una buena idea, y después de sopesar los pros y los contras decidieron invertir la suma considerable de doscientas coronas en el proyecto.
- Todavía tengo mucho trabajo que hacer, querida -Michel dijo después de esa gran decisión y se recluyó en su estudio, en donde agregó la baldosa rota a su colección de reliquias. Luego de eso, clasificó su material de escritura y revisó el correo. Había dos mensajes importantes. El primero era de su editor, Chomarat, en Lyon. Escribió que el rey había ordenado no menos que trescientas copias de la tercera parte de Las Profecías. Enrique II además pidió una carta de acompañamiento por eso.
"Mi libro como un presente de una relación", Michel rezongó al principio. "El rey que dé un buen ejemplo no ha nacido aún". Pero en su interior se sentía honrado.
"Bueno, después de todo, escapar a la rueda del Samsara no es hazaña pequeña", volvió en sí. El otro sobre era el que había estado esperando: la respuesta de la reina. Después de romper el sello, con mucha tensión leyó lo que ella había escrito. Parecía que Catalina estaba muy entusiasmada con el horóscopo que él le había enviado con boceto detallado de personalidad y ella le pidió que escribiera la carta astral para sus siete niños de la misma manera. Si no tenía noticias de él enviaría a alguien a recogerlos el próximo jueves.
"Ni siquiera hay tiempo para una respuesta", decidió irritado. Después de escribir un carta de acompañamiento para la parte tres, se inclinó hacia atrás en su silla para pensar.
"Un fácil trabajo, pero con un difícil viaje", suspiró. Algunos minutos más tarde, le contó a su esposa la buena noticia y su decisión: se iba a encontrar con los descendientes de la Casa de Valois en París.

A la semana siguiente lo fueron a buscar y se despidió de su familia nuevamente. Todos lo saludaron desde la puerta del frente.
- Creo que la reina está enamorado de papá -sugirió Madeleine cuando el carruaje se había ido.
- Pero papá no lo está de ella -agregó César.
- Esperemos que no -dijo la madre y todos volvieron a entrar en la casa.
Los siete pequeños príncipes estaban en el Louvre, un antiguo fuerte medieval que había sido construido en el siglo doce para proteger a la ciudad de los ataques exteriores, pero que había sido usado como una residencia real en los últimos años. Nostradamus permanecería en el Hotel des Tournelles, hasta el cual se puede ir a pie del Louvre. Ni bien llegó se dirigió hacia el colosal fuerte para conocer al hijo de la realeza, a quien se le estaba enseñando allí diariamente toda clase de temas. El pasaría, según el acuerdo, un día con cada uno de ellos y que significaba que partiría después de una semana. Una secretaria le dio la bienvenida al esperado astrólogo e inmediatamente se dirigió a los cuartos de los niños.
- ¿La reina no se encuentra aquí? -Michel preguntó.
- No, Señor, la pareja real muy rara vez se encuentra en París. ¿A cuál de los niños le gustaría ver primero? ¿Alguna preferencia?
- Preferiría comenzar con el mayor -dijo y entraron en la habitación de Francis II. Las barras en el frente de las ventanas indicaban que esta parte del fuerte había servido como prisión en el pasado. La habitación cerrada estaba, sin embargo, equipada con todos los servicios principescos. Francis de siete años estaba sentado en su cama esperando tranquilamente.
"No es un ambiente estimulante para un niño", pensaba el erudito mientras se dirigía hacia el muchacho.
- Salude al doctor, Su Alteza -le ordenó la secretaria severamente. Francis saludó a la visita con un apretón de manos.
"Eso se parece más a un pez muerto que a una mano humana", pensó Michel.
- ¿Podría caminar libremente por el Louvre con el príncipe?
- Este… sí, eso estaría bien -la secretaria aceptó de mala gana.
- Vámonos, Francis, vamos a caminar -Michel le ordenó al muchacho y un sirviente de la corte inmediatamente comenzó a seguirlos.
- Preferiría que pudiéramos caminar solos -el erudito le dijo. El niñero con pretensiones lo dudó por un momento y se preguntaba si debería abandonar su obligación, pero luego se fue.
- Pondré sobre aviso a los guardias -le informó.
- No cabe duda de que vives en una jaula dorada aquí -dijo Michel cuando estuvieron solos. Durante las horas siguientes, los dos deambularon por innumerables habitaciones con tesoros apasionantes y archivos de los reyes franceses de antaño. Francis se veía saludable y todo estaba allí, pero mentalmente, era débil y no tenía mucha energía. Después de la visita minuciosa, el vidente regresó a su hotel, en donde comenzó a trabajar inmediatamente en el horóscopo de Francis. A la mañana siguiente visitó al segundo hijo, Charles IX, de seis años, a pesar del ambiente aislado, era mucho más alegre. Nostradamus pidió permiso para caminar por los jardines de la corte con él, en donde estaban enjaulados pájaros tropicales y animales salvajes. Mientras pasaban por las jaulas, él estudiaba el comportamiento del niño. El muchachito arrojaba piedras a los animales y luego ponía la mano a través de los barrotes para tocarlos. Su acompañante debió retirarlo repetidamente.
"Este no es muy inteligente", pensó. No, Charles tampoco sería un buen rey. Cuando llegaron a la jaula del chimpancé, una visita inesperada de la reina los sorprendió.
- Doctor, tenía que verlo -Catalina lo aduló y sugirió que los tres tuvieran una ceremonia del té.
- Me habían informado de que usted apenas viene por aquí -Michel dijo mientras entraban.
- Tonterías, hay banquetes de estado, torneos y otros acontecimientos aquí regularmente. ¿Pero cómo va con el análisis?
- Es muy pronto para darle un informe, Su Majestad -. Luego de un breve receso, la reina los dejó para ir a apoyar a su marido con la visita de estado del Príncipe Rudolph de Habsburg. En el cuarto día, el erudito estaba dando un paseo temprano por el Louvre y mirando la estructura deshilvanada del edificio, en el cual a los arquitectos, constructores y decoradores se les había permitido acometer durante siglos.
"Tal vez lleve al siguiente niño afuera de los portones", pensó, "así podrá ver un poco del mundo exterior finalmente." Y se dirigió a la secretaria para proponer su plan.
- ¡Por supuesto que no! -la secretaria expresó con firmeza-. La seguridad de los niños es primordial.
- Pero aquí están consumiendo -explicó el médico-. Por lo menos permita que un niño le eche una mirada a la vida real. Sería muy bueno para su desarrollo.
La secretaria se comprometió y envió un mensaje a la pareja real, quienes se encontraban en alguna parte de París, y una hora más tarde, el permiso fue concedido. Michel se paseaba por las calles de París con Enrique III ese mismo día y mientras caminaban, hurgaban en los negocios proletarios. Se veía que le hacía bien al niño. Payasearon hasta que llegaron a Ile de la Cité y luego regresaron vía Pont Neuf.
"Qué mal, pero este chico tampoco es una luz", concluyó. "Mis conclusiones no serán del agrado de la reina". Después de que el pequeño príncipe había llegado a casa sano y salvo, Michel se dirigió a su alojamiento bajo el crepúsculo. Hasta allí, todo había salido bien, pero cuando se acercaba al Hotel des Tournelles, se dio cuenta de que alguien lo estaba siguiendo. Decidió confrontar al hombre y con determinación se dio media vuelta. Asustado, el hombre, quien usaba un saco largo con cuello alto, desapareció rápidamente por el oscuro sendero.
"Es más peligroso de lo que pensaba aquí", Michel se dio cuenta. De ahora en adelante, nada de pequeños príncipes afuera del portón. A la mañana siguiente, tenía una visita con el segundo niño más pequeño, quien sólo tenía dos años. Demostró tener las mismas características que sus hermanos, y no sucedió nada de particular en todo el día.
"Mañana le toca al más pequeño de todos y entonces mi trabajo está hecho", el astrólogo pensó felizmente. Partía del Louvre tarde esa noche porque había tenido permiso para fisgonear en los archivos. Dejó detrás la pobre iluminación del edificio y cruzó la plaza para ir a casa. Estaba oscuro y las calles de París parecían desiertas. De repente, notó tres siluetas detrás de él.
"Maldición, se siente siniestro", pensó. "Qué estupidez de mi parte caminar por las calles solo tan tarde en la noche", y caminaba un poco más rápido. Al pasar por el nuevo Pavillon du Roi, el cual estaba aún rodeado de andamios, entró como una flecha en un sendero para verificar si lo estaban siguiendo realmente. Las figuras misteriosas inmediatamente dieron el mismo giro. El erudito ligero de pies se vio obligado a acelerar. Como era de esperarse, los hombres detrás de él comenzaron a correr tras su presa. Él trató de librarse de ellos en la confusión de los caminos del oscuro callejón. Con su adrenalina al máximo, Michel examinaba los muros de piedra, los rincones y los cercos de las casas parisinas. Pero no puedo encontrar una ruta de escape y esperaba una inspiración, pero su clarividencia lo había abandonado.
"Va más allá de mi control", decidió y miró detrás de él. Un instante después, lo atraparon. Gritó por ayuda, pero todas las ventanas y puertas permanecían cerradas. Los bandidos le cubrieron la boca y lo arrastraron hacia un callejón sin salida. Cuando sacaron los cuchillos, oyeron el sonido del taconeo de caballos y se dieron vuelta, asustados. Justo a tiempo, algunos oficiales de la policía cabalgaban por el sendero a caballo y atacaron a los bribones, quienes ahora estaban atrapados como ratas. Con sus sables empuñados atacaron y atravesaron a dos de ellos inmediatamente. El tercero logró escapar a la espada, pero lo atraparon pronto y lo esposaron. Mientras Michel daba un suspiro de alivio y estaba a punto de agradecer a sus rescatadores, un carruaje llegó y un dignatario descendió.
- ¿Se encuentra herido? - Era Morency, el jefe de policía que lo había escoltado anteriormente.
- Su llegada fue más que oportuna. Estoy bien -respondió el vidente. Morency lo llevó hasta el carruaje.
- Se ha ganado muchos enemigos en la corte en muy poco tiempo -le contó-, por eso la reina me ha ordenado que no lo perdiera de vista.
- ¿Quién quiere asesinarme? -preguntó Michel.
- No puedo decirle. Muchos intereses de la corte están entrelazados entre sí. Lo que puedo decirle es que las autoridades de París han comenzado una investigación de sus prácticas mágicas y a raíz de eso le aconsejo que se vaya de la ciudad lo más pronto posible.
- Pero todavía tengo que conocer a un niño más.
- Creo que será mejor que posponga el acuerdo con la reina porque, en realidad, usted no está seguro aquí -Morency le pidió con insistencia. El astrólogo decidió terminar su trabajo, sin embargo, y bajó en el hotel. Al día siguiente, conoció al niño real más pequeño, después de lo cual partió a París lo más rápidamente que pudo.

La visita de la realeza una vez más llegó a casa sano y salvo, y sin otro ataque de gota. Y allí demostró otro lado de él. No el profeta con un corazón duro, sino un padre alegre, quien puso sobre la mesa para su familia una maleta misteriosa y repleta de cosas. Su esposa y los niños la miraron con expectación.
- ¿Qué es lo que trama el mago? -preguntó Anne.
- Les traje algo a todos -sonrió-. Abracadabra, ¿qué es lo que se esconde en mi bolsa? -y sacó una carpeta con siete hojas de papel con las manos impresas pintados de los pequeños príncipes de De Valois.
- ¡Recuerdos! -Anne exclamó con entusiasmo y su marido le dio los cuadros a todos.
- Tengan cuidado con ellos -les ordenó-, porque no puedo pedirle a los príncipes que lo hagan otra vez -. Sus niños amados estaban todos muy complacidos y, curiosos, comenzaron a comparar las manitos de la realeza con las de los demás.
- Y tengo otra sorpresa para ti -le dijo Michel a su esposa y le entregó un pequeño cuadro de un dibujo a tinta del Louvre.
- ¡Ah, es hermoso! Lo colgaré por encima de la chimenea ahora mismo -respondió líricamente.
- Yo no haría eso si fuera tú -le aconsejó.
Durante las siguientes semanas el completó los horóscopos de los siete príncipes y escribió una carta a la reina, explicándole que sus hijos serían todos reyes. No le especificó que sus hijos eran todos demasiados débiles para gobernar el país y que el título de rey solamente sería una formalidad. Era lo suficiente mente inteligente para poder deducir eso al leer los bocetos de personalidad ella misma.





Capítulo 9



El gran hombre caerá antes del conflicto
Un asesinato significativo; muerte muy pronto y lamento
Nacido imperfecto, debe nadar a menudo
La tierra cerca del río cubierta de sangre


El estudio necesitaba desesperadamente una limpieza profunda y la nueva empleada doméstica abrió la ventana del ático para dejar que entre un poco de aire fresco. Nostradamus observaba nerviosamente sus instrumentos y papeles. No le agradaba esto; otra nueva empleada. Preferiría mucho más limpiarlo todo él mismo, pero estaba envejeciendo y su gota comenzaba a fastidiar. Con su mirada en el amo, la empleada limpiaba la sala.
- ¿Está siendo cuidadosa con mis tubos de ensayo? -preguntó lacónicamente.
- Si quiere pude esperar abajo hasta que termine, Doctor -respondió irritada. De mala gana decidió hacerlo, aunque no se sentía muy confiado. Comenzó a caminar de un lado a otro de la sala de estar y su hijo César, quien ahora tenía once años, fue el más castigado.
- Vuelve a poner esa caja de pólvora donde estaba -le gritó con ira-. O tu madre no podrá encender el fuego -, y el niño lo colocó a toda prisa en su lugar al lado de la chimenea. Cuesta un poco acostumbrarse y dejar el control.
- ¡Ah, la cama! -acabó de recordar y volvió a subir las escaleras precipitadamente.
- Antes de que se retire, necesito que me ayude a trae la cama del invernadero -dijo mientras observaba sus cosas alrededor con desconfianza.
- De acuerdo -la empleada chilló. Después de limpiar completamente y de arrastrar escaleras arriba el mueble, ella se retiró y el erudito pudo finalmente regresar a trabajar en paz. Quería usar la cama para cómodamente entrar en trance y empujarlo hasta donde quería.
"Una sábana será suficiente", pensó. Se recostó y pensó en su obra maestra. Durante los últimos meses había logrado completar dos Centurias sucesivas; juntas conformaban tres centurias propiamente dichas.
"La historia de la humanidad es verdaderamente una gran repetición", filosofaba mientras se ponía de pie. "De un Nerón a otro. Después de cada guerra hay paz y entonces es otro intento de agarrar el poder. El ser humano siempre persigue ilusiones".

Se estaba haciendo de noche y Michel aspiró un poco de polvo que guardaba en uno de los cajones de su escritorio. Con su mente expandida, abrió la ventana para observar las estrellas a través de su espejo. El cielo estaba excepcionalmente claro y pronto descubrió un grupo de estrellas en espiral. En este tipo de agrupación, las estrellas muestran una fuerte concentración hacia el centro, contrario a la agrupación de estrellas abiertas. Los niños golpeaban sin cesar los muros debajo.
- ¡Oigan, niños, sean un poco más silenciosos! -gritó. Se tranquilizó la situación, excepto por un poco de queja, pero eso se podía tolerar. El padre nuevamente volvió a mirar a través el instrumento y observó la nebulosa, la cual él calculó que debía constar de decenas de miles de estrellas.
- Las estrellas parecen como si estuviera todas muy juntas -una voz de pronto se oyó de la nada-. Pero si viaja a la velocidad de la luz necesita por lo menos un mes para ir de una estrella a otra -. Michel empujó el instrumento a un lado de su ojo sorprendido y miró alrededor. Un hombre de cabello canoso estaba parado al lado de él. ¡Una aparición!
- ¿Quién es usted? -preguntó Michel.
- Soy físico -el anciano respondió y le pidió si podía mirar por el instrumento.
- Las nebulosas en espiral son algunos de los objetos más antiguos conocidos para nosotros -el físico continuaba mientras miraba hacia el cielo.
- Ah, no sabía eso.
- Son lo suficientemente compactas para permanecer estable.
- Sé que esta agrupación de estrellas se llama Omega Centauro -Michel comentó.
- Omega Centauro -el anciano repitió distraídamente-, lo que es engañoso, en realidad, es que muchas de estas estrellas no están donde creemos que están.
- Lo siento, pero no entiendo…
- Bueno, la luz de las estrellas se curva de alguna manera cuando está cerca de otras estrellas, lo cual causa una curvatura en el espacio tiempo -explicó el físico, pero el otro erudito aún no comprendía.
- ¿Una curvatura en espacio tiempo?
- El tiempo es un fenómeno relativo, sabe. Cuan usted está sentado junto a una mujer atractiva, dos horas parecen dos minutos, pero cuando está sentado sobre una cama con carbón ardiendo, dos minutos parecen dos horas.
Michel asintió con la cabeza; comprendió eso.
- ¿De dónde es usted, por cierto?
- Esa es una buena pregunta y tengo varias respuestas para eso -respondió el extranjero-, pero no lo molestaré con mis opiniones. Nací en Alemania y tiempo después me mudé a Estados Unidos de América con mi esposa. En 1955, fallecí de fallo cardíaco y desde entonces he tenido la libertad de dedicarme de lleno a la ciencia del universo.
- América, tierra de indígenas.
- Desde siempre han sido aniquilados - el anciano respondió.
- ¿Supongo que se mudó a raíz del régimen nazi?
- Exactamente. Los judíos fueron perseguidos en ese tiempo. El odio y el temor reinaban otra vez. Existen dos cosas que son eternas: el universo y la estupidez humana. Pero no estoy completamente seguro sobre el universo.
- Falta de visión de futuro es normal y corriente también en mi época, pero en el esquema de cosas en mayor escala, somos todos humanos con defectos.
- Es obvio que dio en el clavo allí -el anciano dijo-. Ojalá todos obrara desde ese punto de vista. Pero ¿podría saber cuál es su nombre?
- Michel Nostradamus, astrólogo y médico. ¿Y el suyo?
- Albert Einstein, pero puede llamarme Albert. Entonces, usted es también un científico famoso, por eso llegamos a conocernos. Su telescopio es bastante arcaico.
- ¿Se refiere a este instrumento para ver las estrellas? Sí, bueno, tengo que usar lo que sea que haya -y Michel observó el instrumento sin demasiado entusiasmo.
- He tenido la gran fortuna de que en mi época la tecnología era más avanzada -Albert continuó- y en parte por eso, he podido desarrollar mis teorías.
- ¿Cuáles son sus teorías?
- Bueno, cualquiera puede tener las teorías más absurdas, por supuesto. Siempre digo: si los hechos no concuerda con la teoría, cambia los hechos. Pero para responder a su pregunta: Una de las cosas con las que me he estado ocupando es cómo la gravedad actúa a grandes distancias.
- ¿Esas complicadas teorías sirven de algo al mundo? -Michel preguntó.
Albert estuvo callado por un momento.
- Acaba de poner el dedo en la llaga -dijo, de pronto con el ánimo por los suelos-. Bueno, sí, hay desarrollos que benefician a la sociedad, pero también hay desventajas. Probablemente debí haber ocultado mejor mi creatividad -. Era evidente que se sentía culpable por algo.
- Por su expresión me doy cuenta de que causó que algo horrible sucediera.
- Bueno -suspiró Albert-, cometí un enorme error de cálculo que posiblemente tuvo consecuencias fatales para la humanidad. Le temía a la creciente agresividad de los alemanes y pensé que el ejército estadounidense necesitaba fortalecerse. Así que posibilité que otros científicos crearan una bomba atómica.
- ¿Puede explicarme que es eso?
- Se la haré simple. Si divide la parte más pequeña de un elemento químico, se libera una enorme cantidad de energía. Una fisión atómica de átomos específicos incluso da lugar a una reacción en cadena la cual es absolutamente devastadora.
- ¿La caja de Pandora?
- Sí, algo así -acordó Albert.
- ¿Y supongo que algunas personas malintencionadas se escaparon con sus conocimientos?
- Tal vez también yo sea malintencionado. Sufro de intolerancia. Dividir prejuicios es aún más difícil que dividir átomos.
- Bueno, por lo menos trata de ser honrado.
- Sí, bueno, por desgracia, las bombas han sido usadas varias veces con resultados desastrosos, y eso fue después de pedirle al presidente de los Estados Unidos que no permitiera que las explotaran.
- ¿Qué son los Estados Unidos?
- Eso es una parte de América del Norte.
- Entonces, ¿no supo, en realidad, qué tipo de daños era capaz de causar esa investigación?
- Si hubiera sabido lo que podía ocasionar, no habría habido investigación - Einstein respondió mordazmente-. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, se crearon nuevas posiciones de poder entre naciones.
- ¿Estados Unidos y Rusia?
- Precisamente. Rusia también obtuvo el acceso a la tecnología atómica y a continuación tuvo lugar una carrera armamentista entre los dos súper poderes. Hasta ahora, las dos partes tienen un arsenal bastante amplio de armas nucleares para destruir el mundo diez veces. Además de eso, cada uno de los líderes tiene a su alcance el tan llamado botón rojo. Con sólo presionar dicho botón liberaría instantáneamente todas las armas nucleares.
- Cuánta más influencia se tiene en la vida, mayor es la responsabilidad -Michel reflexionó.
- Ande, dígamelo en la cara; como si ya no me sintiera lo suficientemente culpable por eso. Pero una vez que había logrado una reputación, impulsé una campaña mundial de desarme e igualdad de derechos para todos. Tristemente, fue en vano porque inmediatamente después de mi muerte, los Estados Unidos y la Unión Soviética se adentraron en un gran disputa por Cuba y ahora están a punto de destruirse -y el científico nuclear nerviosamente se giró el bigote.
- Los caminos de Dios son incomprensibles, aún cuando se es clarividente -Michel trataba de consolarlo-. ¿Pero quiénes son los líderes de los súper poderes?
- Sería el presidente Roosevelt para los Estados Unidos y Stalin para la Unión Soviética, y…
- No, quiero decir durante aquel conflicto, después de su muerte.
- Ah, después de mi muerte. Serían John F. Kennedy y Nikita Chroesjtjov. Son los que determinarán si habrá una Tercera Guerra Mundial o no, y si eso sucede, la Cuarta Guerra Mundial será peleada con palos y piedras.
- ¿Conoció personalmente a esos dos líderes?
- Bueno, llegué a conocer a Kennedy una vez en la Casa Blanca, pero eso fue antes de convertirse en presidente. En aquel momento, tenía libre acceso a la Casa Blanca. Pero no llegué a conocerlo bien. Y jamás conocía al comandante ruso.
- ¿Qué es la Casa Blanca?
- Es la sede del gobierno estadounidense. La contraparte rusa es el Kremlin. Si lo desea, puedo llevarlo hasta la Casa Blanca -. Ese ofrecimiento poco común sin duda sorprendió a Nostradamus y debió detenerse y pensar en las posibles consecuencias por un momento.
- De acuerdo, si sabe el camino -dijo finalmente.
- Mis recuerdos son verídicos, vamos, vámonos -dijo Albert alegre nuevamente y jaló a su nuevo amigo hacia las escaleras. Los niños estaban profundamente dormidos en el medio del piso y no se dieron cuenta de nada mientras los dos científicos descendían.
-¿No tiene algún tipo de máquina voladora o algo? -Michel murmuró porque no quería despertar a los niños.
- No necesitaremos eso -respondió Albert silenciosamente. Llegaron a la planta baja donde Anne hojeaba una pila de papeles a la luz de una vela.
- ¿Eres tú? -preguntó con cautela.
- Sí, querida, sólo daré un paseo; volveré enseguida.
- Qué linda esposa tiene.
- Gracias, Albert.
- ¿Con quién estás hablando, por el amor de Dios? -preguntó Anne, quien no podía ver al físico.
- Un colega -respondió su marido. Dejó solo al tarambana de su marido; sabía que era común para él ver fantasmas. Einstein continuó caminando con confianza y el otro científico tenía bastante curiosidad de saber hacia donde lo estaba conduciendo.
- Vamos a descender un juego más de escaleras -Albert le informó y bajaron a un sótano oscuro, donde debieron moverse por tacto.
- Aquí hay solo vino -el dueño de la casa protestó.
- Sólo confíe en mí…-y un paso a la vez, los dos fueron hacia adelante.
- No puedo ver nada, debí haber traído una luz -Michel farfulló, pero luego el sótano de repente se tornó en un corredor iluminado con blancos muros y alguien salía de uno de los pasillos de los costados.
- Un miembro del personal -dijo el científico nuclear, actuaba como si se sintiera en casa.
- Hola, señor Einstein -el oficial saludó cuando se cruzaron. Albert lo detuvo.
- ¿Sabes dónde puedo encontrar al presidente? -preguntó.
- Creo que se está ejercitando en la piscina. Siga derecho y doble a la izquierda por allí y…
- Sí, gracias, sé donde está -interrumpió Einstein y los dos eruditos continuaron su camino.
- No pueden verlo. Son bastante estúpidos -agregó mientras doblaban en la esquina. Pronto llegaron a la piscina cubierta en donde un empleado estaba limpiándola.
- ¿No se encuentra el presidente aquí? -preguntó Einstein.
- No acaba de irse a la Oficina Oval -y el dúo inmediatamente se dio la vuelta.
- Tomemos el ascensor; tenemos que llegar al segundo piso -explicó Albert. Una caja mecánica llevó a los dos científicos al piso de arriba, en donde se bajaron del ascensor. El científico nuclear golpeó una de las puertas cerradas y esperó por un momento.
- Adelante, pase -alguien dijo. Einstein abrió la puerta, la cual daba entrada a una oficina con forma de óvalo.
- Hola, Albert, ¿estás aquí por otra visita? -un hombre en silla de ruedas preguntó.
- Sí, Theodore, pensé que era momento para otra mirada.
- Pensé que me llevaba a ver al presidente Kennedy -comentó Michel.
- Tenga un poco de paciencia -su colega lo calmó y miraron alrededor de la hermosa oficina mientras Theodore permanecía en silencio. Era como si estuviera desconectado.
- ¿Por qué la oficina es oval, de todas maneras? -Michel preguntó.
- Porque así se puede mirar a todos a los ojos durante una conferencia -contestó Albert.
- Usted es gracioso.
- No, en serio. Mire allí está Kennedy. El hombre en la silla de ruedas había volado hacia otros reinos y en su lugar ahora se encontraba un hombre apuesto de mediana edad. Michel saludó con su mano justo frente al rostro del nuevo presidente, pero no hubo reacción.
- Tampoco puede verme a mí -le indicó Albert. Kennedy se veía pálido y tenía círculos negros bajo sus ojos.
- En general tiene un carisma enorme -el científico nuclear continuó y aludía a la seriedad de la situación.
- Max, eres justo a quien necesito ver -el Presidente dijo de pronto a Nostradamus tomándolo por sorpresa.
- Max es su médico personal -explicó Albert-, ese papel es para usted.
- ¿Para mí?
- Sólo siga el juego. ¡Y buena suerte! -Y Einstein desapareció en el aire enrarecido. "¿Ahora qué, tengo que hacer su trabajo sucio?" Michel se quejó. Pero le dio un apretón de manos al Presidente.
- Max, tienes que ayudarme a mantenerme de pie. Mi espalda me está molestando mucho -su Excelencia continuó. Su voz se oía cansada y se sentó con tristeza en un sofá en el centro de la oficina. Michel se sentó a su lado y le prestó atención.
- Necesito más de esas píldoras, Max. Todos me exigen lo máximo de mí. Rusia está ubicando más y más misiles nucleares en Cuba. La situación se está descontrolando.
- No tengo ninguna píldora -el hombre medieval decía con la voz entrecortada.
- Una inyección también está bien. Hombre, ese maldito corsé ortopédico está torcido otra vez -. Nostradamus sin darse cuenta lo estaba llevando hacia afuera y el presidente le dio un poco más de aire a su corazón.
- Chroesjtsjov me está pisoteando. Ese ruso me ve como a un líder débil. Probablemente también sea verdad. No he estado asumiendo una posición lo suficientemente fuerte en una cantidad de temas importantes. Sus aliados comunistas también piensan que soy un debilucho -y dejó caer su cabeza hacia su pecho en un gesto de derrota.
- Dame algo, Max, tengo que seguir andando -le volvió a suplicar-. No podemos aceptar que los misiles nucleares estén apuntados hacia Los Estados Unidos de tan cerca. He enviado a todos los diplomáticos para que convencieran de esto al comandante ruso, pero fue en vano -. Kennedy miró fijo hacia adelante con una expresión ausente y de pronto se desplomó. Cayó sobre el sofá grande y descansaba serenamente. Cerca del escritorio, se oía un sonido de un pitido y Michel se dirigió hacia eso para investigar.
- Señor Presidente -una voz anunció de un parlante-, Chroesjtsjov en la línea para usted -. Escuchó atentamente.
- Hola, Señor Kennedy. ¿Usted está preocupado por nuestras armas de defensa a más de ciento cuarenta y cinco kilómetros de la costa de Estados Unidos? Entonces me gustaría señalarle que sus armas ofensivas han sido instaladas en Turquía, y apuntan a nuestro territorio -. El vidente dejó salir un gran suspiro.
- ¿O es su opinión -el ruso continuaba- que está en su exclusivo derecho exigir la seguridad para su país?
- No soy quien usted cree -Michel dijo, pero sus palabras fueron ignoradas.
- Por lo tanto propongo lo siguiente -Chroesjtsjov hablaba, fuera de alcance-. Estamos preparados para retirar nuestros misiles de Cuba y hacer una promesa a las Naciones Unidas. Luego usted debe retirar sus armas de Turquía y hacer una promesa similar. ¿Está de acuerdo?
De pronto, alguien golpeó la puerta de la Oficina Oval y asustado, el erudito ocasionó un problema magnético en el panel de control y la comunicación con el ruso se cortó. El vicepresidente Johnson y otros altos funcionarios entraron en la oficina. Era evidente su horror cuando vieron a su líder sin vida en el sofá y corrieron a su lado.
- Está vivo -dijo Johnson con alivio mientras revisaba el latido de su corazón.
- Se ha desmayado unas pocas veces en las últimas semanas -comentó con tristeza uno de los ministros.
- Llamaré a Max Jacobson -el general se ofreció.
- ¿Está seguro de que es una buena idea? -preguntó Johnson-. Sabe como le dicen en el Parlamento: Doctor Sensación de Bienestar.
- Sí, pero el presidente no quiere a nadie más -agregó el general y decidió que sería mejor poner en alerta a Jacobson, quien se encontraba en el ala oeste. El médico personal de Kennedy vino corriendo enseguida y examinó a su jefe.
- Se ha desmayado debido a la falta de las sustancias requeridas -diagnosticó rápidamente. Remangó la camisa del presidente y le dio una inyección. Efectivamente, Nostradamus vio, con sorpresa, que apenas se le había administrado la sustancia, John F. Kennedy, sin prisa pero sin pausa, volvió en sí.
- Gracias, Max. Está claro que sabes cómo apoyarme tanto en las buenas como en las malas -su jefe decía entre dientes mientras se reincorporaba con alguna dificultad.
- Señor Presidente, no queremos molestarlo innecesariamente -el general dijo nervioso-, pero tenemos novedades extremadamente importantes.
- De acuerdo, adelante -John respondió, aún sintiéndose un poco flojo.
- Se ve claramente en las nuevas fotos que los misiles rusos aún están siendo ubicados en Cuba. Los altos jefes de todo el ejército opinan que deberíamos darles a los rusos una lección y proceder con un ataque -. Un miembro del personal apareció en la puerta.
- Señor Presidente -llamó el empleado-, el señor Sukarno está aquí. ¿Lo hago pasar? - Kennedy aceptó y rápidamente habló con sus colegas.
- Queda otro mediador quien creo que puede lograrlo y ese es el presidente de la República de Indonesia. Está en contacto directo con el comandante ruso -. Sukarno entró y los estadounidenses le dieron la bienvenida.
- Por favor, siéntese -Kennedy le solicitó, pero Sukarno se negó y comenzó a hablar agitadamente.
- Después del incidente con su aeroplano, el B-25, sospecho que el gobierno estadounidense quiere causar mi caída y porque sospecho totalmente que este lugar está lleno de micrófonos ocultos, solicito al presidente que permita que nuestra discusión tenga lugar en su habitación -. El general llevó a su jefe a un costado.
- Nuestro servicio de inteligencia nos está previniendo de un posible asesinato en contra suyo -susurró.
- ¿En mi habitación? ¿Y al lado de él? No… Y de todos modos, no quiero perder mi libertad -decidió Kennedy y salió de la oficina con Sukarno. Michel siguió a los dos presidentes, quienes subieron al ascensor y fueron hasta el piso más alto. Al llegar allí, los dos líderes continuaron caminando, pero el que los perseguía olvidó salir de la caja a tiempo. Las puertas del ascensor se cerraron demasiado rápido y el ascensor lo llevó hasta el sótano, en donde las puertas se abrieron automáticamente. Sin saber cómo operar este aparato de transportación, salió y llegó al mismo corredor con la alfombra roja.
"Creo que es mejor que vaya a casa", pensó Michel, "he visto suficiente". Tomó la misma ruta devuelta y pronto se volvió a oscurecer. Después de un rato, vio una luz en la distancia, la cual resultó ser de las escaleras de su propio sótano. A tropezones subió las escaleras, sintiéndose bastante deprimido.
- ¿Eres tú? -preguntó Anne, aún sosteniendo los papeles en sus manos. Silenciosamente, caminó hacia su esposa y se sentó con ella a la mesa.
- ¿Dónde está tu colega? -bromeó mientras miraba los cuadros de hierbas.
Ensimismado, colocó sus codos sobre la mesa y suspiró.
- ¿Estás bien? -continuó.
- Anne, a veces creo que me estoy volviendo loco -dijo finalmente.
- ¿Qué pasó?
- El mundo en el futuro está por explotar. Todo se está haciendo demasiado para mí.
- Ven aquí -le pidió ella y él se arrodilló a su lado y posó su cabeza sobre el regazo de ella. Anne acariciaba con ternura los últimos hilos de cabello que le quedaban.
- Me siento tan responsable por el destino de la raza humana -se quejaba-. El sendero de mi vida va derecho al infierno.
- Eres especial -dijo tratando de animarlo.
- Anne, de ahora en adelante, no abras la puerta a todas aquellas almas desdichadas que están constantemente pidiendo ayuda, ¿de acuerdo? Es que todo es demasiado para mí estos días.
- De acuerdo, no lo haré. Pero vayamos a dormir ahora. Mañana será un nuevo día -y se fueron a la cama.
La depresión de Michel fue el comienzo de un nuevo ataque de gota. Fue bastante severo y debió permanecer en cama por un mes. Su esposa respondía todo el correo por él; pedidos de lectura de horóscopos o consejos sobre enfermedades, de personas de todas partes. De vez en cuando había un desafío argumentativo de un científico sobre un tema controversial y ella ignoraba esos. En general, fue suficiente enviar un mensaje estándar en francés que decía que el doctor no podía responder personalmente la carta debido a circunstancias especiales.
- Pronto encontraré un empleado para que se haga cargo de mi correspondencia -su marido le prometió mientras yacía en la cama con mucho dolor.
- Sí, por supuesto que necesitamos uno -aceptó Anne. Estaba exhausta también. André y Diane entraron y comenzaron a saltar sobre la cama.
- Niños, dejen a su padre enfermo solo -la madre ordenó con irritación y cerró las cortinas para separar el área del resto de la habitación.
- Lamento que tengas que pasar este momento tan difícil por mí -su marido se disculpó.
- No te preocupes, todo saldrá bien -contesto Anne mientras se sentaba al lado de su cama-. Pero algo raro está pasando. ¡Esa bolsa de nuez moscada ya se terminó otra vez! - Él no respondió a eso y se dio vuelta fingiendo dolor.
- Oye, no aprecio eso. Quiero saber lo que haces con eso -sinceramente afirmó, pero él no respondía.
- ¿Cuál es ese gran misterio?
- Lo uso para ciertos experimentos -respondió indefinidamente. Pero ella quería saber exactamente que hacía con eso. Él no quería contarle. Finalmente cedió.
- De acuerdo, lo inhalo -confesó.
- ¿Por qué diablos harías eso?
- Lo inhalo porque estimula mi sentido de la imaginación -. Anne se quedó helada.
- Me niego a trabajar para un adicto -dijo con firmeza.
- ¿Un adicto? -Michel reaccionó como un cachorrito lastimado y se dio vuelta para encararla.
- Esto es la gota que derramó el vaso -continuó.
- Querida, ¿de qué hablas? -e intentó incorporarse mientras se quejaba.
- ¡Todos andamos con cuidado en esta casa para que no te enojes!
- ¿Pensé que dijiste que todo estaba bien?
- Sí, eso era lo que tú pensabas. Pero no es cierto. Ves y sientes todo, excepto a tu propia familia. Todo se trata de ti y ahora esto -. Dejó que diera rienda suelta a su indignación.
- Y ese control infernal que tienes -lo acusó-, jamás te liberas. Sería mejor si me golpearas de vez en cuando -y ella con sorna lo metió en la cama de un empujón.
- Modérate un poco, por favor, asustarás a los niños.
- Siempre están asustados -gritó solo para asegurarse de que pudieran oírlo. Como se dio cuenta de que no podía decir nada correcto, entonces no dijo nada.
- Jamás tenemos sexo normal -parloteaba sin parar -. Pensaba que los judíos eran buenos en la cama, pero te pareces más a la estatua de un santo. ¡Ojalá tuvieras un orgasmo normal de vez en cuando, como hombre normal! -y salió furiosa. Michel salió de la cama arrastrándose y rengueaba tras ella.
- Ah, así que su santidad puede caminar de repente. Me maté trabajando para un simulador. No quiero volver a verte jamás -y furiosa bajó las escaleras y dio un portazo tan fuerte que la casa entera tembló.
"Tiene razón; soy adicto", pensó. "Quiero ver imágenes del futuro demasiado y por eso, tal vez, me he convertido en un insensible. Me mantendré alejado de eso de ahora en adelante", y arrastrándose volvió a meterse bajo las cobijas de lana.

La encarnizada pelea continuó y Nostradamus se vio forzado a responder él mismo sus cartas; su esposa, por lo general alegre, se negó a hacer algo más por él. De hecho, se negó en lo absoluto. Por suerte, los niños estaban lo suficientemente grandecitos para arreglárselas solo. Aún tambaleante debido a su ataque de gota, escribió una carta a Jean Dorat, uno de sus admiradores en París. Quizás el renombrado maestro académico tenía un buen estudiante quien pudiera atenderlo. Su esposa, entretanto, se había retirado al jardín de invierno y los esposos se evitaron durante semanas. Hasta que una noche alguien golpeó la puerta del frente.
"Otro de esos desesperados", pensó el erudito sanador, arrastrando los pies hacia la entrada.
- ¡Déjenme en paz! -gritó, pero el barullo continuaba y con rabia abrió la puerta.
- ¿Algo anda mal con sus oídos? ¿O qué? -y miró fijamente a la supuesta persona necesitada que estaba parada en la puerta.
"¡Santo cielo, no puede ser verdad!"
El fantasma de François Rabelais, su compañero de estudio de aquellos días, había aparecido ante él.
- Por Júpiter, el diablo me está gastando una broma -juró Michel.
- Cálmate, hombre, cálmate. Soy yo de verdad -dijo François con suavidad-. Pensé que habías presentido que estaba llegando, pero es evidente que no fue así. ¿Vine en un mal momento?
- No, por supuesto que no, o mejor dicho, sí. Estoy en medio de una crisis matrimonial, pero pasa, adelante -y se dieron un abrazo.
- Quizás estoy aquí para ayudarte -sugirió François mientras se dirigían a la sala de estar. Se sentaron cerca de la chimenea.
- ¿Qué haces aquí? -preguntó Michel-. Pensé que eras el médico de la corte del virrey de Piemonte.
- Sí, lo fui, pero ahora trabajo para el papa en Aviñón. ¿Dónde está tu esposa?
- Está en el jardín de invierno -respondió con desánimo.
- ¿Tienes niños?
- Sí, tengo seis. Están todos durmiendo.
- Tengo mucha sed. ¿Tienes algo para beber? -preguntó François. Y su viejo compañero de estudio fue a la cocina. Cuando regresó con cerveza, Rabelais había desaparecido de repente.
"¿Me he vuelto tan loco después de todo?" se preguntó con toda seriedad. Pero luego oyó un ruido no familiar en el jardín y se dio cuenta de que no había estado alucinando. François estaba tratando de convencer a su esposa para que saliera del jardín de invierno.
- Entonces, mi marido me ha enviado un mediador -Anne dijo con desdén, cuando un extraño entró en su espacio.
- No, no, está equivocada. Tuve la corazonada de que mi amigo estaba en problemas y espontáneamente decidí visitarlo.
- Ajá, otro clarividente -dijo con desdén.
- ¡Usted está hablando con el embajador del papa, sabe!
- No me importa si usted es el mismísimo papa, zopenco arrogante -y lo empujó hacia afuera del jardín de invierno.
- ¿Dónde encontraste semejante esposa? -preguntó François, sus oídos ardían, cuando regresó a la sala de estar.
- La encontré entre una manada de caballos salvajes -Michel dijo entre dientes.
- ¿Es esta una de esas oscuras líneas de tus versos? - Pero el astrólogo negó con la cabeza.
- Bueno, eso explica un montón, pero déjame verte. No nos hemos visto en años -y se observaron.
- Todavía tienes una cabeza llena de cabello -comentó Michel.
- Sí, aún sigue creciendo todos los días. Y tú te ves fantástico para tu edad.
- Gracias, tus ojos y tu lengua son tan agudas como siempre. Aquí tienes tu cerveza -y se sentaron al lado del fuego otra vez.
- Difícil de imaginar, tú, de todas las personas, un Cátaro libre pensador, trabajando para el papa -Michel continuó.
- ¿Y por qué no? Tu amigo es tu enemigo, aunque apoyo completamente al Papa Pio IV. Es un líder espiritual con mucha integridad y lo malo solo sucede en niveles más bajos.
- ¿Qué clase de posición espiritual tienes?
- El papa me tiene inspeccionando en secreto a los inquisidores y a los obispos para ver si aplican las enseñanzas de una manera pura.
- Por Dios, justo en la guarida del león…
- Sí, la vida debe ser vivida al máximo -respondió François.
- Estoy de acuerdo contigo en eso. Entonces, ¿estás viviendo una vida de celibato también?
- Por supuesto. Si hubiera elegido tener una familia, habría elegido una profesión diferente. Pero estoy seguro de que también tienes tus enemigos.
Anne entró inesperadamente y los hombres la miraron con curiosidad, tratando de evaluar su humor.
- Siento haber sido tan grosera con usted -se disculpó.
- No importa, no se preocupe por eso. ¿Por qué no se sienta con nosotros? -el huésped que vino sin invitación se lo solicitó y ella tomó una silla.
- François es un viejo amigo mío de la universidad. Debido a mis años de andanzas, perdimos contacto -Michel explicó con timidez. Pero Anne no le dio ni la hora a su marido, solo miraba a la visita espiritual.
- Entonces esta es la esposa que debe ofrecer resistencia al gran maestro -Rabelais la provocaba.
- ¿Gran maestro? -repitió con indignación-. La semana su barba quedó estancada en la puerta del frente, mientras la cerraba. Todo aquel transeúnte que pasaba por ahí tenía sobradas oportunidades para darle unas palmadas -. François debió reír con tanta exaltación ante esto que era casi de temer.
- Su marido es un genio cuando se trata de la vida interior de los seres humanos, pero, caramba, que a veces puede ser un torpe igual que cualquier otra persona -comentó al mismo tiempo que se recuperaba de la risotada.
Anne, sin embargo, no estaba convencida.
- Sé que es famoso en todas partes debido a sus publicaciones -ella reconoció-, pero no estoy tan segura de su grandeza. Hace un año, se confundió al alcalde con un fantasma y se chocó directamente con él -. François largó la risotada nuevamente.
- ¿Cómo puedo explicarlo? Ayúdame, Michel.
- Sólo trato de dejar en paz a las cosas tanto como pueda -respondió vagamente.
- Siempre está envuelto en un velo de misterio y jamás me cuenta nada de su mundo interior. Es como una ostra -agregó.
- Sí, su marido es verdaderamente reticente y mi lengua es muy floja en comparación, pero ya sabe, hablar es de plata, pero el silencio es de oro.
Pero Anne no estaba impresionada.
- El bien y el mal están unidos en cada persona -François continuaba su argumento- y no hay nadie que sepa esto mejor que su marido.
- Bueno, lo sé. Yo muestro mi furia a menudo. Él jamás lo hace.
- Si su marido mostrara su furia, podría destruir el mundo. Por eso debe ser extremadamente cuidadoso tanto en palabras como en acciones. Es una cuestión de conciencia y a su marido se le ha otorgado una cantidad poderosa y sin precedentes de ella.
- Quiere decir que si Michel se fuera a enojar conmigo, ¿podría hacerme mucho daño?
- La persona promedio podría caer muerta en una pelea con él o enfermarse de gravedad, pero usted es una mujer fuerte que puede aguantar mucho. Usted es Platón.
- ¿Platón? ¿Me está comparando con el filósofo griego?
- Además de ser el nombre de un filósofo, es también la palabra en griego de hombros anchos -Michel interrumpió.
- Ah, lo entiendo. Soy lo suficientemente fuerte para poder cargar a mi marido -y finalmente hubo una chispa de contacto entre los esposos nuevamente.
- Sí, por supuesto, pero es especialmente porque él sabe cómo controlar sus sentidos con la mayor autodisciplina. Porque, cuánto más grande es la mente, más grande es la bestia -Rabelais explicó con sabiduría.
- Es evidente que usted puso a mi marido por las nubes -dijo, aún con desconfianza-, pero si no me equivoco, ¿usted está diciendo que él debe tener especial cuidado de jamás perder el control?
- Exactamente, no puede afrontarlo realmente. Hasta un descuido en el hilo de las ideas puede tener resultados desastrosos. Como ve, los pensamientos son poderes.
- ¿Puede explicar eso?
- Bien, por ejemplo la silla sobre la que está sentada. No comenzó a existir así como así. Primero debe de haber una idea o imagen mental de una silla, y la materia lo sigue después. En el caso de la silla, esta es la madera en las manos del carpintero.
- Eso suena como a una predicción que se hace realidad -comparó.
- Observa, Michel, tu esposa tiene conocimiento oculto.
- Si enseguida hubiera compartido su conocimiento conmigo, no habríamos tenido esta crisis.
- Sí, podría ser una buena idea comunicarte más con tu esposa -François le dijo a su amigo.
- Comienzo a ver la verdad de eso -Michel admitió. La crisis matrimonial estaba llegando a su fin y celebraron con una cerveza.
- Es hora de que me vaya, mis amigos -François anunció finalmente.
- Puede quedarse aquí si lo desea -ofreció Anne.
- Gracias, agradezco su hospitalidad, pero ya he hecho arreglos para quedarme en El Cisne.
- Antes de que te vayas, hay algo que me gustaría mostrarte -dijo Michel.
- Bien, pero primero visitaré los servicios -François agregó y el vidente se fue a su sala de trabajo. Cuando Anne le mostraba donde quedaba el baño, él le susurró algo en el oído: "Anne, su marido es casi un iluminado. Trate de liberarlo en su corazón. Sólo las almas individuales pueden trascender; y Dios lo ama". Y sin esperar respuesta siguió camino. Las importantes palabras lentamente penetraron y finalmente comprendió que tenía una importante tarea que cumplir. En el ático, Michel esperaba a su amigo para mostrarle el mosaico roto con la serpiente.
- Puede que sepas lo que es esto -le dijo apenas entró allí.
- Por Dios, parte del mosaico de Magdalena de Montségur -François exclamó con sorpresa y con cuidado recogió el mosaico antiguo.
- Sin embargo no es de allí de donde vino. Vino de La Roque cerca de Durance.
- Bueno, en cualquier caso, cuídalo bien. Pero me tengo que ir ahora -y volvió el mosaico a su lugar. Los dos se abrazaron como hermanos.
- Cuídate. Que no te asesinen -Michel le advirtió mientras descendían las escaleras.
- Y tú cuida de no caerte de la Escalera de Jacobo -su amigo le respondió con alegría. Cuando llegaron al final de las escales, él se despidió de Anne. En la puerta del frente, los hombres intercambiaron algunas palabras más.
- Gracias por todo, François, y mantengámonos en contacto.
- Sí, eso también prometiste hace cuarenta años -su ángel guardián respondió a medida que emprendía la retirada.
"Incorregible, ese Rabelais", Michel sonrió con un hilo de tristeza cuando lo veía irse.

Al día siguiente, un Christophe de Chavigny llegó al pueblo de Salon de Provenza. Allí preguntó por la casa del profeta. Su pedido le fue concedido inmediatamente; había muchos que querían acompañar al joven de París, con el deseo de vislumbrar al mítico hombre del pueblo. El estudiante con honores de Jean Dorat tenía muchos deseos de perfeccionarse bajo la tutela del gran maestro y fue el carnicero quien, con su carreta, lo trajo y lo dejó en la puerta del frente. Con una bolsa de chuletas de cordero en su mano, el estudiante de nariz respingona se presentó.
- Ajá, mi salvador de París -Nostradamus le dio la bienvenida y porque al parecer la casa era demasiado pequeña, envió a su ayudante, menos a las chuletas de cordero, a una posada para que pasara la noche.
"Primero verificaré qué clase de muchacho es con el que estoy tratando aquí", Michel pensó mientras miraba la bolsa de carne.
Christophe resultó ser un verdadero discípulo. No necesitaba ni una palabra extra de instrucción; era rápido como un rayo para comprender lo que su maestro quería de él. Llevaba a cabo sus tareas con tal increíble dedicación que a veces incomodaba a su jefe. El joven parisino estaba además familiarizado con las más recientes tendencias filosóficas, incluso el pensamiento racional y dominaba las lenguas clásicas. Anne, entre tanto, había hecho arreglos de un nuevo escritorio para el empleado, y a su marido lo había mudado a la sala de estar. Después de un mes, el erudito tuvo que reconocer que la presencia de De Chavigny fue una bendición para él.
"Mi correspondencia jamás ha estado tan al día", observó felizmente. Comenzaba a envejecer ahora y se había preocupado de no lograr completar Las Profecías. Pero ahora tenía suficiente tiempo para poder ocuparse de eso. Ya el mismo se había entrenado en el pasado para sólo necesitar dormir cuatro o cinco horas por las noches, pero eso era en principal porque un estado para mantenerse despierto era la mejor manera de viajar al otro lado. Esa noche, el tinterillo, por fortuna, se había ido a su propio lugar, a unas calles, y los niños estaban todos dormidos. Sólo por las dudas, el maestro cerró la puerta de su habitación.
"Creo que cambiaré por una técnica diferente", se dijo a sí mismo y fue a buscar el taburete de cobre. El taburete con las patas que estaban en el mismo ángulo que la inclinación de los lados de las pirámides de Egipto.
"De ahora en adelante me alejaré de la nuez moscada y los aceites alucinógenos", decidió. "No puedo permitirme volverme loco". Y comenzó a tararear, al lado del taburete.
"No, eso no funciona", farfulló y decidió intentar la meditación en cama.





Capítulo 10



Dos grandes líderes se hacen amigos
Su enorme poder crecerá
El nuevo país alcanza su punto máximo
Se recuenta la cantidad de Rojos


En medio de la noche, el explorador de los cielos se encontró sobrevolando una ciudad moderna, en donde carros sin caballos con luces por delante y por detrás, iban y venían. Descendió para observar más de cerca esta maravilla y comenzó a deambular por las calles y plazas, las cuales estaban iluminadas magníficamente. Después de un ratito, visualizó un imponente edificio por delante, el cual creyó que lo reconoció.
"Este debe de ser el edificio parlamentario, bajo el cual Hister se suicidó", sospechaba. Confirmó su sospecha por un monumento en frente de él. Berlín se había recuperado admirablemente de la enormemente de la violencia de la guerra destructiva que había dejado detrás grandes montañas de escombres entonces. Un río atravesaba diagonalmente la ciudad iluminada y decidió seguir la corriente del agua, la cual lo llevó a un camposanto, en donde alguien estaba marchando penosamente por la orilla del agua. Un hombre con apariencia descuidada y sucia empujaba un carro cargado con basura.
"Callejón sin salida", Michel pensó y que así sea. Se elevó nuevamente, giró en una esquina muy curva y voló devuelta hacia el Potsdamer Platz.
"Volar como un pájaro es una alegría de verdad", decidió y al igual que un joven dios, extendió sus alas. En la plaza grande se erigía un majestuoso arco de entrada con un carro griego de guerra por encima y con audacia voló a través de eso. Cuando había pasado la entrada, se chocó con algún tipo de campo eléctrico y el impacto provocó que se tambaleara y cayera al suelo.
"Más dura será la caída", se reprendió por su frívolo comportamiento y sintiéndose un poco aturdido, trató de averiguar que le había pasado. Examinó cuidadosamente el espacio, pero no vio nada. El fantasma caído se levantó y comprobó sus habilidades de vuelo.
"Bien, eso todavía sigue intacto", pensó aliviado. "¿Pero con qué choqué?" Curioso, se dirigió hacia el lugar donde había sucedido y miró todo la zona que rodeaba eso.
"Tiene que haber algo", farfulló e inesperadamente su mano tocó un campo de voltaje e hizo que apareciera una superficie azul.
"Santo Dios, el futuro está lleno de sorpresas", y con cuidado caminó por el campo magnético, el cual continuaba haciendo cortocircuitos cada vez que lo tocaba. Parecía que era un muro invisible el cual dividía a la ciudad en dos secciones. Era un misterio para él saber para qué propósito servía, pero realmente quería saber. Las personas que vivían aquí deben de saber más sobre esto y con nuevo impulso comenzó a detener y preguntar a un transeúnte al azar. Desde lo más alto de la ciudad, él vio al mismo linyera con su carro. Y como era la única señal de vida alrededor, voló hacia él.
- ¡Oye, tú! -llamó, pero el berlinés con su sombrero torcido no lo escuchó y siguió con su marcha. El fantasma ahora dejó su vuelo detrás para posarse justo en frente de él, pero, despreocupado, el hombre siguió caminando.
"No puede verme ni oírme", Michel comprendió y deliberó la manera de atraer su atención. Tenía que encontrar el punto exacto.
- Oye, Napoleón -intentó. Eso dio en el blanco inmediatamente porque el vagabundo se detuvo abruptamente.
- ¿Amigo o enemigo? -quería saber.
- ¡Amigo!
- Vaya, por fin un compatriota. ¿Cuál es su rango? -el pobre diablo pregunto. Le debe de faltar algunos tornillos.
- Mariscal de campo -Michel siguió el juego.
- ¿No le ordené que atacara Rusia?
- Sí, pero Moscú ha sido capturada entretanto.
- Excelente. Eso me da libertad para tratar montones de cosas aquí -y siguió caminando.
- ¿Por casualidad sabe por qué aquel muro eléctrico atraviesa Berlín? -el mariscal intervino.
- ¿Está loco o qué? Solía haber un muro. Estaba hecho de piedra, pero mis hombres valientes la tiraron abajo no hace mucho tiempo. Aún tengo una imagen de eso -y sacó un artículo de diario del bolsillo interno de su saco. El vidente vio la foto del muro divisor el cual estaba siendo demolido y leyó el texto debajo. "La Caída del Muro de Berlín*(1989). Han sido exactamente dos años desde que la Cortina de Hierro, la división entre este y oeste, cayó. Una Alemania unida conmemorará la caída en masa hoy, con conciertos y debates, entre otras cosas. El objetivo del Muro era detener el flujo de fugitivos quienes migraban hacia la libertad en el Oeste".
"Entonces por eso hay un campo magnético que atraviesa la ciudad", comprendió. "Años de frustración deben de haber dado al Muro una carga psíquica".
- ¿Dónde están sus hombres? -preguntó luego.
- No sé donde está; me han desterrado, pero puedo mostrarle donde suelen estar.
- De acuerdo, muéstreme el lugar -Michel le solicitó. Quería saber cómo se había resuelto el conflicto. Con el vagabundo empujando el carro nuevamente, los dos iniciaron el camino hacia la parte este de la ciudad. Después de que había cruzado Alexanderplatz, el hombre se detuvo en frente de un edificio amplio y desgarbado.
- Esta es, la vieja Comisaría, en donde solía estar a cargo. Puede entrar y hacer preguntas.
- Sí, lo haré -respondió el vidente. Le dio un franco y luego caminó hacia la entrada.
- Nay, Pau, León, más fuego que sangre -el vagabundo recitó tras él. Michel se dio vuelta sorprendido cuando oyó la línea de su propio verso, en el orden equivocado. Pero el hombre estaba mirando hacia el otro lado y un poquito más adelante, malhumoradamente pateó una farola, la cual se apagó inmediatamente.
"Vaya, asombroso, mis versos serán populares en el futuro," y, sintiéndose complacido, el vidente entró en el edificio dilapidado. Más allá de la entrada había una habitación de apariencia lúgubre sin nadie dentro y decidió subir la escalera de mármol.
"¿Dónde está esos tipos valientes de los que hablaba?" Arriba había alguna esperanza porque vio unos hombres quienes estaban ocupados haciendo algo. Resultaron ser sólo funcionarios sin embargo. Regresó a la escalera y bajó y cuando estaba por salir del vestíbulo oyó un sonido fuerte, el cual implicaba que había actividad y que provenía de la sala grande.
"¿Qué diablos sucede aquí dentro?" y curioso, entró en la sala, la cual de pronto había una gran multitud.
"Debo de haberme trasladado a varios años atrás en el tiempo", especulaba. Se mezcló con la multitud y mantuvo sus oídos bien abiertos. Era una rueda de prensa y cientos de periodistas se habían reunido para ver a los más altos líderes del partido del estado comunista.
- ¿Qué está pasando? -preguntó a un reportero, quien pensó que era un colega del extranjero.
- Jamás se nos ha permitido hacer preguntas directamente -el alemán del este respondió mientras toqueteaba el flash de su cámara-, pero parece que esta vez Schabowski se está resignando a la presión de la gente para hacer una excepción. El partido desea volver a ganar el apoyo del pueblo a través de más transparencia.
- ¿Qué pasa si no lo logran?
- Si no lo logran, nuestro país simplemente se vaciará, sin importar los miles de muros y cercas -y se disculpó para forcejear y abrirse camino hacia el frente. Mientras tanto, sus colegas hacían toda clase de preguntas, pero como siempre, sólo obtenían una respuesta estándar, hasta que un periodista francés se abocó hacia el tema central de Alemania quebrada.
- ¿Cuándo sus compatriotas tendrán la libertad de viajar hacia el Oeste? -simplemente preguntó. Los reporteros apenas tomaron en serio su pregunta porque esperaban completamente que Schabowski encontrara alguna manera elaborada de dar vueltas alrededor de eso sin responderla en realidad de todos modos. Pero ante el rostro de la multitud internacional, el líder del partido de repente sintió como si estuviera en un juicio y se puso muy poco comunicativo.
"¿Cómo puedo seguir diciendo todas esas mentiras?" se preocupó y comenzando a sudar frío, inesperadamente empezó a abrirse.
- Hoy, que yo sepa, una decisión ha sido tomada. Y, este, hemos decidido…, que finalmente, todos los ciudadanos podrán cruzar la frontera -. La multitud se quedó estupefacta.
- ¿Cuándo entrará en vigencia esta nueva norma? -un periodista preguntó inmediatamente. Schabowski revolvió sus papeles un poco y entonces miró a los miembros de su personal, quienes tampoco tenían idea alguna de qué hacer.
- Este… que yo sepa, entrará en vigencia…, a partir de este momento.
Como la rueda de prensa parecía tan lenta, todos dudaron de que eso fuera en realidad verdadera, hasta que alguien salió corriendo hacia afuera y gritó fuertemente: "¡La frontera está abierta!" La noticia se extendió por toda la ciudad como un reguero de pólvora y pronto los berlineses del Este corrieron hacia el Muro en masa para verificar y ver si podían realmente entrar en Alemania del Oeste. Nostradamus volaba detrás de ellos.
"Es asombroso lo que una pequeña y tonta pregunta por mi parte puede provocar", pensó. "De ahora en adelante, debo dejar que el destino siga su curso".
El Muro resultó estar cerrado todavía y miles de personas rodearon a los guardias de la frontera de una manera pacífica. De repente estaban rodeados de una horda de periodistas.
- ¿Debo entender que el Muro tiente que abrirse hoy? -el jefe de los guardias balbuceó.
- Sí, una orden de Schabowski -todos gritaron. El oficial esperó un rato para ver si recibía instrucciones formales, pero luego sucumbió a la enorme presión y abrió el cruce de la frontera. Por fortuna, el Ejército Rojo no intervino. Abrumados, los berlineses del Este caminaron hacia el otro lado de la frontera, en donde fueron recibidos por los berlineses del Oeste, que acudieron hacia ellos en masa y le dieron la bienvenida con un fuerte aplauso. El vidente felizmente observó cómo personas totalmente desconocidas se abrazaban bajo el Brandenburger Tor y rompían en llanto de felicidad sin poder creer lo que estaban viviendo. El monumento de Berlín con el carro griego de guerra tirado por caballos había estado en tierra de nadie por muchos años y algunos se conmovieron al tocar sus frías columnas. Una de las personas que vive en la ciudad se paseaba debajo del portón de la entrada como una señora y llena de emoción gritó (a viva voz): "¡Ich bin ein Berliner!"
"¿Ese no es el hombre de la Casa Blanca?", pensó Michel, pero estaba equivocado: era el linyera que creía que era Napoleón. El hombre, quien para este momento aún no se había abandonado, de pronto comenzó a besar a todos y el vidente también recibió un gran besote. La frontera ahora estaba indudablemente abierta y varios hombres fuertes ya habían empezado a demoler el Muro.
- ¡Se venden suvenires! -uno de ellos bromeó con un trozo de muro en su mano. El espectador francés luego dejó la fiesta nacional y alegremente regresó al Renacimiento.
"Por fin, un final feliz", pensó cuando volvió a su cuerpo. "Me gustaría que eso sucediera más a menudo," y de un salto se bajó de la cama. Era la madrugada y bajó las escaleras en puntas de pie hacia la habitación.
- Anne -susurró-, ¿estás dormida?
- Sí, estoy durmiendo, pero ven y métete en la cama -y con cuidado se recostó a su lado y se durmió.

Un nuevo día se asomó y el viento soplaba aire fresco por las ventanas abiertas. Bien descansado, el erudito bajó y encontró a su esposa planchando en la sala de estar.
- Te levantaste tarde -dijo Anne mientras una nube de vapor se elevaba de la mesa de planchar.
- No hay invitados hoy. ¿No es ese el trabajo de la empleada?
- No vino durante dos días porque estuvo enferma.
- Ah, no lo noté -su marido farfulló apoyándose contra el canasto de costura.
- Tengo mucho papeleo que debo hacer con Christophe hoy, pero me gustaría ir a caminar todo el día contigo mañana -propuso.
- Sólo puedo ir pasado mañana porque mañana mi hermana viene de visita.
- Está bien, es una cita -dijo jugando con el dedal.
- ¿Quieres que Jacqueline te cosa otra bata para ti? -preguntó.
- Sí, eso sería fabuloso. Pero no una negra; marrón estaría bien.
- ¿Por qué no se lo dices tú mismo?, a ella le encantará.
- De acuerdo, lo haré. Por cierto, anoche tuve una experiencia asombrosa -comentaba Michel tratando de involucrarla un poco más en el mundo de sus experiencias-. Era como Jericó, excepto que fue en Alemania.
- Ah, las paredes que se derrumban por la religión -Anne sabía y ubicó la plancha sobre una base.
- Sí, pero no por creer en Dios, sino por creer en la libertad.
- Eso me parece bien a mí - y comenzó a planchar la siguiente ropa mientras él sujetaba fuerte las costuras por ella.
- Me gusta cuando me cuentas sobre tu otra vida -dijo, de pronto con timidez y por primera vez la vio sonrojarse. Christophe descendió del ático.
- Maestro, el Conde Ercole de Florencia aún no ha recibido sus recomendaciones; me temo que las traducciones se han perdido en el correo. ¿Quiere que prepare unas nuevas?
- No, sólo escríbele que debe buscar más cuidadosamente en su oficina. Ese personaje furtivo está tratando de evadir mi pago -y los dos hombres comenzaron a subir las escaleras mientras hablaban.
Después de la visita de Jacqueline, Anne y Michel se levantaron de la cama muy temprano al día siguiente y llevaron una canasta de picnic llena de dulces a los bosques y campos cercanos. Después de pasar un día agradable, juntos, la pareja felizmente regresaba a casa con su canasta llena de hierbas y flores. Cuando estaban llegando a su casa, el sacerdote se acercó apresuradamente hacia ellos.
- Doctor, ¿ya se ha enterado de la mala noticia?
- No, pero tengo alguna idea de lo que podría ser. Por favor.
- El rey está muerto -dijo con mirada triste el sacerdote-. Tuvo un accidente con uno de sus capitanes.
"Pero el orgullo fue su principio rector", pensó Michel.
- Usted tiene un lazo especial con la casa real, Doctor -el sacerdote continuó-, y por eso quiero ofrecerle mis condolencias.
- Muchas gracias, reverendo. Este es un día triste para toda Francia -y continuaron su camino a casa. Una multitud se había reunido en frente de su casa y cuando el místico y su esposa llegaron, todos expresaron su pésame. Al día siguiente, la muerte de Enrique II fue legalmente anunciada y esa tarde un carruaje escoltado se detuvo delante del hogar de De Nostredame. Mientras el gobernador de Provenza descendía, la gente del pueblo se congregó para verlo. Christophe abrió la puerta del frente y rápido como un látigo informó a su maestro. Nostradamus salió de su escritorio e invitó a su amigo, el gobernador, a tomar asiento en la galería.
- Sabe de la muerte del rey por supuesto -Claude de Tende supuso cuando se sentaba a la mesa de afuera. El erudito negó con la cabeza.
- Una lanza atravesó su casco de oro y fue directo a su ojo y su garganta; dos heridas en una, durante una práctica de duelo -el gobernador le informó-. Pero aparte de ese horror y del hecho de que todos lo extrañaremos, la unidad de Francia está ahora en peligro.
- Oh, no creo que tengamos que preocuparnos por eso -su anfitrión opinó mientras una gota de lluvia se posó sobre su rostro.
- Esperemos que no. Usted había redicho la muerte del rey en su último calendario. Catalina de Medici personalmente me contó sobre eso. Durante años sólo consideré a su trabajo un lindo entretenimiento, pero ahora sus predicciones se están confirmando de manera extraña e inquietante. ¿Tiene idea la clase de poder que podría tener?
- Estoy muy consciente de eso y me siento muy responsable.
- Entonces, ¿por qué no le advirtió a Enrique II?
- El rey no quería tener nada que ver con la astrología -Michel explicaba en calma. El gobernador suspiró profundamente y era evidente que se sentía afectado por la muerte, la cual pudo aún tener consecuencias para su propia posición.
- Marguerite de Valois, la hermana del rey, estaría interesada en venir a verlo para una consulta. Pronto se comunicará con usted -concluyó.
- Será muy bienvenida; estaré feliz de poder servirle -el erudito prometió. Claude miró fijo hacia adelante con una mirada melancólica.
- ¿Quién va a dirigir a Francia ahora? -preguntó-. Los príncipes son demasiado jóvenes y sin mucha experiencia.
- La reina gobernará el país. Ella ya se ha estado interiorizando en los sucesos de actualidad del estado -el erudito respondió con seguridad mientras acariciaba su barba. El gobernador lo observó con respeto reverencial y se dio cuenta de que este compatriota era alguien de muy alto calibre. La empleada salió a la galería y sirvió el té y los hombres hablaron un poco más.
Unos días después, Christophe entró con la esperada carta de la realeza.
- Novedades fantásticas, Maestro -le reveló y Michel rápidamente le echó un vistazo. La hermana del rey escribió que estaba planeando ir a verlo inmediatamente después del funeral y esperaba que no fuero un momento inoportuno para él.
"La muerte de un hombre es la ganancia de otro", pensó mientras tristemente sacudía su cabeza.
- Christophe, cuando llegue el momento, ponte algo elegante -y le dio a su estudiante un ducado de oro.
Ese viernes, un carruaje real llegó al angosto Place de la Poissonnerie y algunos guardias contuvieron a algunos plebeyos curiosos. Marguerite de Valois entró majestuosamente en la casa del vidente, vestida con atuendo de luto con velo negro incluido. Sus niños con el mejor de los comportamientos esperaban en el hall de entrada. Sólo faltaba Paul, quien estaba ocupado persiguiendo chicas. Todos saludaron con la cabeza educadamente y endulzaron su vista ante el atuendo de gran opulencia. Michel y Anne acompañaron a su alteza a la sala de estar, la cual había sido acicalada y arreglada para la visita de la realeza. Christophe hizo una breve aparición al asomar su cabeza por un minuto. Anne ofreció sus condolencias a la hermana del rey y luego salió de la sala para darle a ella y a su marido algo de privacidad. Después de una breve conversación, Marguerite le agradeció por su consejo de permanecer fuera de la política de ahora en adelante y de ir a pasar algún tiempo a la playa para recobrar su fuerza. La procesión de la realeza continuó su camino y la paz y la tranquilidad regresaron a la plaza.

Una noche de verano, Diane no podía dormir y Anne le contó a la más pequeña un cuento de hadas. Su marido por casualidad estaba bajando del ático y oyó cómo manejaba su oculta lección de vida.
- Erase una vez un hechicero malvado, quien echó una maldición -comenzó.
-¿Eso se trata de mí? -preguntó desde las escaleras.
- Si el zapato te calza, póntelo -respondió.
"Me pregunto qué bicho le picó hoy a esta", se preguntó y continuó su camino hacia la sala de estar, en donde tuvo una conversación con la empleada. Después de haber regado las plantas en el jardín, decidió ir a la cama temprano.
Al día siguiente finalizó la sexta parte de Las Profecías e inmediatamente llevó el manuscrito a la oficina postal para enviarlo a su editor en Lyon. Christophe generalmente se encargaba de esta clase de cosas, pero Michel tenía ganas de hacer un poco de ejercicio. La calle parecía tranquila, entonces pensó que nadie lo molestaría. Después de dejar su paquete, pasaba por su estatua en la plaza de la ciudad cuando vio a un grupo de jóvenes que arrojaban piedras a su imagen.
"Jamás comprendí tan mal comportamiento", pensó, contrariado. "Pero, espera un minuto, ¿ese no es mi propio hijo, Paul?" E incluso parecía ser el instigador del grupo y sintió que debía reprenderlo, pero cambió de opinión.
"Ah bueno, no importa. Lo guardaré para algo importante; sólo es una tonta estatua. Larga vida a lo efímero". Un guardia de la ciudad había dado vuelta la esquina también y vio a los granujas que estaban profanando la figura decorativa de la ciudad.
- ¡Oigan ustedes! ¡Vengan aquí! -les ordenó con vigor, pero los niños emprendieron la retirada rápidamente. Cuando vio a Nostradamus, se disculpó.
- Atraparé a esa gentuza, señor. No se escaparán tan fácilmente.
- Oh, no se preocupe por eso; no me molesta en realidad -el honrado ciudadano suavizó el incidente. Preferiría no exponer a su propio hijo bajo esta mala situación y continuó su camino. Después de unos minutos, un sentimiento agobiante se apoderó de él y descansó por un momento.
"Eso no se sintió natural", pensó un poco molesto. Pero cesó, así que continuó su camino. Pero después de un rato, ese horrible sentimiento regresó y tuvo que detenerse para recuperarse nuevamente. Ahora, cada vez que se movía una fuerza incontrolable lo atacaba.
"Debería haber sabido", pensó. "La rastra del averno se está manifestando, en pleno día!" Y decidió ir a casa, en donde se encontraba en una mejor posición para protegerse de la maldad sobre natural. En el camino de regreso lo asediaban constantemente desde el otro mundo y la batalla se apropiaba de toda su fortaleza física. Debió detenerse reiteradamente y los transeúntes observaban a su debilitado conciudadano, quien por lo general estaba tan lleno de vida pese a su avanzada edad. Siguió su camino tambaleándose y oyó que alguien preguntó: "¿Puedo ayudarlo?" varias veces, pero la fuerza del silencio era tan intensa y oscura que le era imposible responder y de pronto sus rodillas se doblaron y cayó. Varias personas corrieron hacia el médium para ayudarlo, lo cargaron y lo llevaron a su casa. Anne y Christophe, alarmados, lo llevaron desde allí y lo arrastraron hacia arriba hasta su cama. Una ve allí, Michel comenzó a tener ataques mientras que Anne se encontraba sentada a su lado con mucho miedo. Parecía que su marido esta perdiendo la cordura. Se defendía él mismo de fantasmas y seguía gritando: "Enjuague bucal, tres veces al día". Por un momento se calmó y ella rápidamente intentó hacer contacto.
- ¿Qué te está sucediendo? -preguntó con pánico.
- Alguien quiere matarme -respondió lánguidamente. Estaba tan blanco como un fantasma, sus mejillas sonrojadas de siempre habían más que desaparecido y cuando le siguió otro ataque fuerte, perdió la conciencia. Su espíritu fue a dar en una de las terrazas del purgatorio y cayó en manos del demonio.

En un oscuro laboratorio se encontraban una mesa llena de tubos de ensayo, fuentes de vidrio, jarras graduadas y botellas, y Nostradamus estaba terminando un oscuro experimento. Varias pociones estaban hirviendo por encima de un fuego y los vapores ascendentes ocultaban su rostro.
"Abracadabra, en cualquier momento ahora, habrá oro y todos estarán a mi merced", reía a carcajadas. Entusiasmado, dejó caer el último hilito de sustancia de alquimia dentro del frasco generosamente llenado y agregó un poco más de alcohol sólo por las dudas. Luego dejó que el líquido con el plomo desmenuzado rompiera en hervor, luego de lo cual destiló la mezcla en componentes sólidos y volátiles.
"Ahora un poco de pólvora", se reía mientras buscaba dentro de un armario. Regresó a los líquidos burbujeantes, con un cilindro de vidrio en su mano.
"El poder no se me escapará esta vez." De pronto la puerta del galpón que se abrió de golpe, lo asustó y dejó caer el cilindro de vidrio, el cual se hizo añicos. Miró directamente en el cañón de algún arma terrible.
- ¡Maten al hechicero! -emitió una voz mecánica que salía de ninguna parte. El alquimista instintivamente se echó hacia el costado y una bala gigantesca destruyó completamente la mesa y todos los instrumentos de vidrio.
- Mi laboratorio súper caro, completamente destruido, tú idiota, quien quiera que seas -pero se tragó sus palabras porque el cañón del arma estaba apuntado hacia él nuevamente. Justo en el último segundo, algunos guardias musculosos vinieron al rescate desde afuera.
- ¡Hombres, destruyan al intruso! -ordenó, pero los guardias fueron asesinados uno por uno y tuvo que salir de la habitación para salvar su vida.
"Montón de idiotas", el erudito dijo con desdén mientras volaba por el corredor iluminado por antorchas ardientes. ¡Pum! Una bala voló por los muros. El extranjero estaba justo pisándole los talones y disparó nuevamente. Justo a tiempo, Nostradamus puedo atravesar la habitación como una exhalación en donde los monjes con atuendos grises se encontraban meditando.
"Déjenlos que sufran lo peor", pensó sin corazón mientras circulaba entre ellos. Un momento después, su atacante había destruido a todos los sirvientes de Dios que obstaculizaban su camino. El erudito, entretanto, deambulaba por el complejo bajo tierra y terminó en una gran biblioteca, la cual estaba iluminada por innumerables fuegos. Rápidamente cerró tras él la pesada puerta de madera de la entrada.
"Jamás entrará aquí", pensó con convicción y se relajó a medida que se dirigía hacia los estantes llenos de libros antiquísimos. Los manuscritos de valor no servían, ahora que él tenía la fórmula de oro. Justo entonces, la puerta de la entrada se hizo pedazos de un tiro y él pasó volando por las hileras de estantes de biblioteca para ocultarse. Su perseguidor, sin embargo, era imparable y destruyó todo a tiros. Un fuego se inició y en medio del caos Nostradamus logró escapar por un escotillón. Fue a parar a un túnel tipo cueva y rápidamente caminó por ahí. Un poco más adelante se detuvo para escuchar si el asqueroso aún lo estaba siguiendo. Por fortuna, no oyó nada.
"Ese problema está resuelto", pensó, "estoy seguro". Y después de algún tiempo, llegó a un lago subterráneo. Pero de pronto, el arma horrible volvió a aparecer y estaba apuntada directamente a él. Sorprendentemente, algunos murciélagos intentaron protegerlo esta vez, con maniobras de distracción, pero todos murieron a tiros. El alquimista se encogió de hombros, se sumergió en el lago y se fue nadando rápidamente. Permaneció bajo el agua el mayor tiempo posible porque cada vez que emergía para tomar aire, las balas volaban por todas partes. Con más suerte que astucia, logró llegar al otro lado del amplio lago, en donde triunfantemente se impulsó hacia arriba sobre las rocas. Luego, de repente, le dispararon y se desplomó.
- ¿Quieres jugar a otro juego? -preguntó la voz mecánica.
- Sí, pero primero necesito un minuto para recuperarme -alguien respondió-. ¿Cuántos puntos tengo?
- 1.566 puntos.
En el oscuro laboratorio se encontraba una mesa llena de tubos de ensayo y jarras graduadas. Nostradamus estaba detrás de ella; al aborde de la invención de algo grande. Varias pociones estaba hirviendo por encima de un fuego mientras vapores ascendentes oscurecían su rostro.
"La reina estará feliz", se alegró mucho y con cuidado dejó caer un hilito de vitriolo en el frasco y agregó un poco de alcohol. Cuando el líquido con el plomeo desmenuzado había llegado al punto de ebullición, tomó la destilación y la colocó en algunas botellas de cuello largo.
"Um, aún no se ve bastante bien", decía tonterías y hurgaba en un armario detrás de él buscando algunos aditivos. De pronto, la puerta del galpón se abrió de un golpe y, asustado, dejó caer la jarra de vidrio al piso, en donde se hizo añicos. Miró directo en el cañón de un arma terrible.
- ¡Maten al hechicero! -sonó una voz mecánica. Por reflejo, Michel saltó hacia un lado y la mesa junto con el equipo de vidrio quedó destruida de un tiro.
"Mi última hora ha llegado", pensó, pero algunos guardias inesperadamente entraron corriendo para intentar protegerlo. Todos quedaron destruidos en cuestión de minutos, sin embargo, justo delante de sus ojos. Y con gran dolor, reconoció a una de las víctimas.
"El abuelo está hecho polvo", se quejó mientras se arrastraba hacia él. Jean yacía en el piso, totalmente muerto, después de que intentara salvar a su nieto. No tenía mucho tiempo para pensar en eso porque el arma lo estaba apuntando una vez más. Como un alma que lleva el diablo huyó del laboratorio y corrió por el interminable corredor. El fantasma bramaba tras él tan y mientras le disparaba todo el tiempo. Vivo aún, el alquimista logró entrar en otra habitación en donde algunos miembros de su familia conversaban, sin la menor sospecha alguna.
- ¡Yolande, Víctor, salgan de aquí! -gritó, pero fueron destruidos instantáneamente por el nuevo fantasma, en un abrir y cerrar de ojos. Tembloroso, Nostradamus siguió corriendo y terminó en una antigua biblioteca, en donde rápidamente cerró la puerta de entrada tras él. Jadeando, intentó recobrar el aliento.
- Tengo un gran libro para usted -alguien dijo de repente.
- ¡Abigail! ¡No tenemos mucho tiempo! -respondió, preso del pánico.
- No merece la pena apresurarse -el vendedor de libros dijo con voz suave y lo impulsó hacia los tesoros del conocimiento.
- Abigail, escúchame. De veras debemos salir de aquí inmediatamente -… pero sus palabras fueron groseramente interrumpidas; dispararon a la cerradura de la puerta y se deshizo en millones de pedazos. El fantasma entró y pensó que tenía a su presa en la trampa. Inmediatamente barrió con Abigail, sin embargo. Michel salió volando y se ocultó detrás de las estanterías. Luego toda la biblioteca quedó hecha añicos de un tiro y los únicos manuscritos desaparecieron en un mar de fuego. Gracias al caos, el erudito logró escapar por un escotillón y fue a parar a un corredor bajo tierra en donde la iluminación era indispensable.
- Qué bueno que traje una vela -murmuró mientras hurgaba en su bolso-. Isabelle, espera sólo un poco más. Llegaremos allí-. Con una luz en su mano y su hija sobre su espalda, caminó por el túnel dando grandes zancadas. Detrás de él se oyó un sonido repentino.
"Por Dios, ¿tiene que salir todo mal hoy?" se lamentaba y continuó de prisa. El fantasma, mientras tanto, entró en la estructura de la cueva con sus perros sanguinarios y los ladridos se oían feroces. La pareja nerviosa pronto llegó al lago subterráneo, en donde Michel vaciló. ¡No había lugar a donde ir! El demonio los había alcanzado para entonces y nuevamente apuntó su arma a ellos.
- Isabelle, respira profundo -ordenó el padre, pero antes de que tuviera una oportunidad de sumergirse en el agua, un golpe directo puso fin a su intento de escapar.
- ¿Quieres jugar otra vez? -la voz mecánica volvió a preguntar.
- ¡Sí, pero vamos al próximo nivel!
En el laboratorio oscuro Nostradamus se encontraba parado ante una mesa cubierta de tubos de ensayo. Estaba trabajando en un experimento único.
"Producir oro es como la purificación de cuerpo y espíritu", se decía a él mismo. Luego vertió un poco de salitre dentro del brebaje en ebullición, el cual tuvo una reacción inesperadamente intensa. Una amplia lengua de fuego quemó su barba y lo sacó de su concentración.
"Abracadabra: estoy creando al hablar. Pero mira esta mezcolanza aquí sobre la mesa", de pronto pensó con perfecta claridad. "Alguien está jugando un juego conmigo" y miró alrededor de la habitación.
"Este no es mi lugar de trabajo", concluyó rápidamente. De pronto, la puerta del galpón se abrió de un golpe y miraba en el cañón de un arma terrible.
- Un habitante del averno -balbuceó absolutamente perplejo.
- ¡Maten al hechicero! -una voz de la nada ordenó. El alquimista despierto se echó a un lado y salió de laboratorio mientras los instrumentos de vidrio se hacían añicos.
"¿Cómo salgo de este reino?" se preguntaba en agonía. Pero no se le ocurría ninguna brillante idea, así que se echó a correr. Después de que había corrido por varios corredores, el habitante del averno lo alcanzó. Michel logró ocultarse en una antigua biblioteca, justo a tiempo, y con firmeza empujó la cerradura a través del portón detrás de él.
"Un momento de alivio", suspiró y al mismo tiempo que recuperaba el aliento exploró los alrededores. La habitación gigantesca parecía albergar a una cantidad abrumadora de libros.
"¡El libro de la vida!; ¡la biblioteca de todos los tiempos! La solución debe de estar justo aquí", y, con prisa, ojeó los documentos. Tomó el primer libro de la biblioteca, el cual tenía las palabras El elixir de la felicidad de Al-Ghazali escrito en el frente con letras iluminadas.
"El musulmán de la isla de Sicilia", inmediatamente recordó y apresuradamente comenzó a hojear el libro místico. El primer párrafo hacía referencia a los siete valles del alma. Y mientras buscaba la pista correcta, continuamente vigilaba el portón de entrada.
"Juicio, trueno, abismo, himno y celebración religiosa. Eso no es de mucha ayuda", se quejaba. "¡Tengo que encontrarlo, rápido!" Se oyó un sonido de taconeo; el habitante del averno estaba toqueteando la puerta.
"Penitencia, obstrucciones, maldiciones… Eso es lo que busco". Luego, una enorme fuerza de fuego rompió la puerta de madera se en miles de pedacitos y dejó caer el libro de sus manos.
- Por Júpiter, no se mueva o disparo -imploró el erudito cuando apuntaba al peligro con los dedos índice y medio de la derecha. El residente del infierno se congeló visiblemente y Michel se dirigió hacia él, tieso por la tensión. Cuando se acercó a él, miró por el cañón del arma para ver quien lo estaba sosteniendo.
"¡Por Dios, un pequeño niño negro teniendo el gatillo!" insultó y sus ojos ardían de ira. Esto asustó al niño criollo y huyó corriendo más rápido de lo que sus piernas le daban. El hechizo se rompió; la terraza infernal desapareció como la nieve en el sol y una carga pesada se cayó de los hombres de Michel. Luego se develó la habitación en donde Anne aún estaba sosteniendo su mano.
- Qué nido de víboras -su marido se quejó mientras recobraba la conciencia. Luego, recuperado, se levantó de la cama y dejó a su esposa sentada allí y ella quedó boquiabierta.
- Perdón, querida -se disculpó y regresó para darle un beso-. Sólo una pregunta: ¿qué le contabas a Diane anoche?
- Sólo un cuento de hadas con final feliz -balbuceó-. ¿Por qué?
- Creo que fantaseó sobre mí. ¿Te importaría cantarle una canción de cuna la próxima vez?
- Pero ya está grande para eso ahora -respondió Anne mientras que se levantaba de la cama.
- ¡Está bien, otra cosa entonces! Siempre y cuando no le recuerde a mí -y se dirigió a encontrarse con su empleado, quien se encontraba en el ático.
- Hoy tengo que hablar con Paul -tenía que desahogarse contándolo cuando llegó arriba -de lo contrario el muchacho terminará tras las rejas.
- ¿Se siente mejor, Maestro? -su ayudante preguntó con una pluma temblorosa en su mano.
- Soy un tipo muy fuerte, Christophe, aunque mi maldito reuma me está molestando un poco -y escribió algunas notas sobre el mundo virtual, el cual, anteriormente, lo había tenido en sus garras.
"Tierra de oscuridad artificial conmigo como protagonista", garabateó en su cuaderno de bocetos.
- ¿Me buscarías todos los cuentos de hadas que contengan armas mágicas, por favor? -pidió. Su secretario prometió hacerlo lo antes posible.
- Algún día, los niños se harán cargo del mundo -su maestro explicó.
- Espero que no -Christophe agregó una vez que volvió a tener su lapicera bajo control.
- No tengas niños. Ya es demasiado tarde para mí -y el erudito continuó con la agenda del día.
"Esta noche tendré que ver si está escrito en las estrellas", pensó. Lidió con una pila de horóscopos durante el resto de esa tarde.





Capítulo 11



De cinco a cuarenta grados el cielo arde
El fuego se acerca a la nueva ciudad
Tras la magnitud de las explosiones
Así los norteños se doblegan


Un pesado gong sonó por toda la casa y todos se taparon los oídos. El quinqué de plata, un presente del Conde Ercole como compensación, casi se cae de la mesa y la empleada doméstica se asustó tanto que salió corriendo a la calle.
- ¿Tienes otro nuevo juguete? -Anne se quejó cuando su marido descendió las escaleras embelesado.
- Estoy probando mi nuevo gong -respondió un poco a la defensiva-, me lo trajeron ayer de Marsella.
- No irás a usarlo para tocar música, ¿verdad? -preguntó con toda seriedad-. Porque entonces todos en todo el vecindario desaparecerían, eso incluye a tu propia familia.
- No, no, por supuesto que no; no tienes que preocuparte por eso -le aseguró. Luego se sentó en el lugar de siempre al lado de la chimenea para disfrutar de la energía liberada. Anne estaba por peinar a Madeleine. La hija de ellos ya estaba esperando en la gran mesa delante de la ventana, la cual tenía una linda vista al jardín. Mientras una escasa porción de rayo de sol iluminaba a la madre y a la hija, el padre observaba el espectáculo entretenido sentado en su silla perezosa. Se sirvió un vaso de vino. Una hora después, la última trenza estaba siendo terminada y la madre juntó todas las trenzas y las ató formando una corona.
- Sólo un minuto más -le dijo a su hija, que estaba cansada de estar sentada y quieta.
- Bien, terminado -y le dio el espejo. Feliz con el peinado, el cual fue hecho de acuerdo con el último estilo veneciano, Madeleine le agradeció a su madre.
- Mis amigas estarán asombradas -dijo e inmediatamente salió para mostrarse. Los otros niños entraron y otro día se fue volando. Para las siete de la tarde, Christophe se había retirado de la casa y el maestro estaba tomando un descanso y disfrutando la compañía de su esposa en la galería.
- Tendrás que arreglártelas sin mí esta noche. Los planetas están alineados favorablemente justo ahora y hay trabajo que terminar -le informó.
- De acuerdo, querido, está bien. Reúnete conmigo cuando tú quieras, siempre y cuando dejes en paz a ese gong -ella agregó y él subió al ático inmediatamente. El instintivo vidente se metió bajo una sábana y se sorprendió al darse cuenta que el golpe del gong aún resonaba en su cuerpo.
"Esa cosa es obviamente efectiva", farfulló y pronto se durmió hacia otros reinos.
Lentamente, una ventana de almacén comenzaba a materializarse delante de su tercer ojo. Tenía vidrio transparente desde el piso hasta el techo. Nostradamus poco a poco posaba todo su cuerpo en una calle comercial y rápidamente miró alrededor; su presencia no había atraído atención alguna aparentemente. Estaba en un verdadero paraíso de compras. Gente de todas las profesiones y condiciones sociales estaban caminando con carteras elegantes y entraban y salían de los negocios. Además de las personas que van en busca de gangas, estaba lleno de mercadería recomendada, avisos publicitarios con brillo y edificios infinitamente altos, los cuales tocaban las nubes. El piso delante del cual había aterrizado, contenía productos extremadamente avanzados. Vio cajas de espectáculos eléctricas en todas medidas y formas que mostraban imágenes de un anunciador, actores, eventos deportivos y, especialmente, muchos juegos muy imaginativos. Estos últimos eran los tan llamados juegos de computadora y las pantallas mostraban una colorida colección de secuencias de acción a las cuales les disparaban constantemente.
"Esos juegos me recuerdan a aquel país en donde había tenido el cuestionable privilegio de ser el protagonista", él contemplaba. Un río de sonidos selváticos fluía del negocio, el cual tenía sus puertas abiertas de par en par y se sumergió hacia ese sonido. En el negocio, con los ritmos ensordecedores de música y animales gritando, los clientes buscaban productos extraños, y aparentemente el ruido no les molestaba. Había una larga fila de personas que esperaban para pagar por la mercadería inimitable. Las descripciones lo ayudaron un poquito. Distinguió los sectores de audio, televisión y computadoras y cada uno tenía una pared colmada de equipamiento. Eso le provocó mareos. Luego descubrió un enorme oferta de juegos, en estantes bajos, todos ellos con títulos de guerra.
"Mayormente los niños son los que están encantados con estos juegos dudosos", se dio cuenta mientras miraba por alrededor. Ese pequeñín africano criminal con su arma infernal no es, por desgracia, el único de su clase. Y miró más de cerca la exposición. Blockbuster, Space Invaders, Battlefront, leía.
"Ah, por Dios, si veo un título con mi propio nombre en un minuto, mi futuro no se verá bien." Y comenzó a sentir nauseas al pensar en los asquerosos, que descargan sus frustraciones en la imagen de Nostradamus. Notó que había información sobre el diseñador en imprenta pequeña detrás de las cajas en donde se guardaban los juegos.
"Tendré que recordar este lugar", pensó. "Nunca se sabe." Por suerte, no vio ningún juego con su nombre. De pronto, un hombre asiático detrás del mostrador, el cual tenía forma del árbol de la vida, se acercó a él.
- ¿En qué puedo ayudarlo? -preguntó. El cabalista estaba a punto de responderle, pero la pregunta no fue dirigida a él, sino a un pequeño niño delante de él.
"¡Increíble! ¡Es el pequeño monstruo negro que casi me destruyó!"
- Estoy buscando el juego más reciente: Engañen al mago -el muchachito respondió.
- Eso no está en los estantes todavía -el vendedor respondió-, pero no te preocupes, te traeré uno del depósito -. Unos minutos después, el muchachito estaba pagando en la caja registradora el más reciente.
"Eso significa que mi imagen será utilizada incorrectamente en masa", Michel se estremeció mientras el bellaco salía del negocio.
- Oye, amiguito, ¿a dónde vas? -le preguntó en tono grave, pero el muchachito no lo oyó y cruzó la calle, donde sólo habían coches amarillos yendo y viniendo. El erudito corrió apresuradamente tras él, pero el tráfico lo hizo retroceder y el muchachito desapareció de entre la multitud en la acera de enfrente.
"¿Cómo es que un niño puede entretenerse con tales ideas?" se preguntaba en el momento en que estaba cruzando la calle con dificultad. Después de un rato encontró nuevamente al granuja a medida que caminaba hacia la parada del autobús en la acera. Uno se detuvo y el muchachito subió, junto con algunas otras personas.
"Los roles se habían invertido", rezongó y subió al autobús en un segundo.
- ¿Puedo ver su boleto, por favor? -el conductor pidió. Michel agarró su atuendo marrón sin bolsillos y se disculpó. Otra vez resultó que la pregunta no fue dirigida a él porque una anciana obedientemente mostró su boleto. A los fantasmas de otros tiempos los pasaron por alto reiteradamente. Todos aquí estaban completamente absortos en la seducción de la vida de ciudad. Los pasajeros no miraban a nadie, sólo se prestaban atención a ellos mismos. También el muchachito negro. Se sentó en la hilera de atrás al lado de una persona japonesa y comenzó a jugar con el juego de computadora de bolsillo. Su acechador se sentó en un asiento vacío cerca.
"Si pudiera echarle una mirada a ese juego, podría descubrir quien lo creó", pensó y el autobús se partió. Bodegas, bares, museos y boutiques con lo último de la moda pasaban delante de él volando. Todas las calles de la ciudad estaban numeradas, así que parecía bastante fácil encontrar el camino por aquí. El autobús llegó a un parque de la ciudad gigantesco con médanos cultivados, bosques y lagunas.
"Este debe de ser el Nuevo Mundo: la tierra de los norteños", supuso el soñador, mientras tomaba nota mentalmente de cada nueva visión. Seguía observando al muchachito, quien aún se encontraba pacíficamente sentado en la parte de atrás.
"Aquel niñito de cabello enrulado no se me debe escapar", pensó con el juego en mente. "En realidad no se ve tan mal. Las apariencias engañan o yo lo he juzgado con demasiada premura". El muchachito se levantó de un salto y se bajó del autobús, el cual se había detenido. Su acechador se apresuró tras él, esta vez antes de que las puertas se cerraran de un golpe; él ahora tenía algo de experiencia con esto. El muchachito entró en el parque central y caminó por un sendero entre arbustos florecidos hacia un parque de patineta, en donde se encontró con algunos de sus amigos. Ellos se acercaron a él andando sobre sus patinetas con ruedas.
- Hola, Joe -uno de ellos lo llamó-. ¿Dónde está tu patineta?
- Ah, algo pasó. Compré este juego realmente genial -y Joe sacó el juego de su mochila. El fantasma francés daba vueltas en círculo alrededor y trató de ver la parte de atrás de la caja, pero Joe ya la estaba guardando. Los niños entonces se treparon a un árbol viejo y pronto saltaron hacia abajo otra vez. Comenzaron a caminar y cruzaron un puente peatonal de hierro. El vidente se orientó él mismo y vio la impresionante hilera de rascacielos que bordeaban el parque.
"Esto es muy diferente de París", pensó. En el zoológico, los muchachitos decidieron ir cada uno por su lado y Joe salió del parque por otra salida. Subió a otro autobús y el fantasma lo siguió nuevamente. Este autobús va por un boulevard que tiene toda clase de teatros, hoteles y clubs nocturnos. La calle está llena de carteles que llamaban la atención y el más grande decía: "Coca Cola".
"Lo suficiente para enloquecer a cualquiera", pensó Michel, "me está dando dolor de cabeza". El muchacho, entretanto, jugaba con su computadora de bolsillo otra vez, con su mochila sujetada entre sus piernas. Después del viaje excitante por el distrito de la vida nocturna con sus luces de neón, el autobús se alejaba de la isla atestada de gente al cruzar y conducir por un enorme puente. El vidente se dio vuelta para dar un vistazo a la magnífica vista. La silueta de las montañas vacías creaba un contraste agudo contra del cielo azul.
"La ciudad que desborda abundancia", Michel filosofaba sin perder el rastro de Joe. Pero el muchachito aún estaba jugando con su computadora. Después del puente, el autobús firmó a la derecha y condujo por un sendero. En la parada siguiente, el muchachito descendió y, cansado, caminó hacia una zona residencial cercana. A unas pocas calles de distancia, él tocó el timbre en una casa con una apariencia prolija y una mujer abrió la puerta.
- Puedes jugar afuera por un rato, si quieres Joe -su madre dijo-, la cena estará lista en media hora -. Su hijo caminó de regreso hacia el lado del río y se sentó en un banco. Se sacó la mochila y observaba a un guardia de piedra en la distancia, quien sostenía una antorcha. Luego abrió su mochila, sacó el juego y miraba con fascinación a la imagen sobre la caja.
- ¡Da vuelta esa cosa! -Nostradamus gritó, pero sus palabras no habían causado efecto alguno.
"Tengo que hacer algo para impedir la distribución de este juego", e intentó quitárselo de las manos al muchachito, pero no pudo agarrarlo. No tenía poder en este reino y, desanimado, se sentó al lado de su ex oponente.
"Supongo que sólo tendré que aceptar lo inevitable", estaba reflexionando cuando, de pronto, Joe comenzó a hablar con él.
- ¡Vaya, eres tú! -y mantuvo hacia arriba la imagen de la cubierta de la caja para mostrar al hechicero, quien reconoció su rostro. Era un poquito demasiado angular y lo hacía ver muy lúgubre, pero el parecido era sorprendente. Alguien debe haber hecho este retrato de él sin su conocimiento. Probablemente durante su visita a Catalina de Medici.
- Sí, ese soy yo, pero ¿no me tienes miedo?
- No, ¿por qué? -preguntó Joe.
- No importa -respondió malhumoradamente. El miedo a los fantasmas, al parecer, pasó de moda.
- En la imagen estás usando un sombrero de pirata -Joe continuó.
- Un sombrero de oficial -corrigió Michel mientras tocaba su cabecita pelada-, pero lo perdí.
- No eres de Nueva York, ¿verdad?
- No, soy de otro mundo. Pero dime, ¿están tan deseoso de matarme pronto? - Esta pregunta sorprendió a Joe y tubo que pensarla durante unos minutos.
- Es sólo un juego -finalmente dijo entre dientes.
- ¡Eso es lo que piensas, pero los pensamientos son poderosos, sabes!
- Todos juegan a estos jueguitos -el muchachito respondió con convicción.
"Bueno, es un niño muy dulce realmente", pensó Michel, "principalmente sólo carece de una educación apropiada".
- ¿Has oído alguna vez del Karma?
- No, ¿quién es?
- No es una persona, sino una ley cósmica. Todos tus actos, y un pensamiento es también un acto, tendrán una reacción. Un ser inteligente, por consiguiente, jamás realizará acciones que vayan en contra la creación.
- ¿Qué tiene que ver eso con este juego? -Joe preguntó, sin entender lo suficiente.
- Permíteme formularlo de otra manera: si miles de niños comienzan a matarme, mi corazón endurecerá tanto que tendré que arder en el infierno por la eternidad.
- No quiero que eso suceda -contestó Joe.
- Yo tampoco -admitió Michel.
- Aún podría cambiar este juego…
- Un lindo pensamiento, gracias, pero, en realidad, no cambiaría mucho porque todavía hay muchas copias más.
- ¡Oh, no! -el muchachito gritó de repente-, llegaré tarde para la cena - y salió corriendo. El hechicero se quedó detrás, atónito. Rápidamente recobró la compostura y se fue tras Joe para alcanzarlo.
- Oye, ¿es así como la gente se despide por aquí?
- Oh, lo siento, pero debo llegar a tiempo. Puedo preguntar si puedes quedarte a cenar -y llegaron a la casa, donde volvió a tocar el timbre. Su madre abrió la puerta, rezongando.
- Acabamos de terminar de cenar, hijo, llegas tarde. Y tienes un reloj tan lindo para tu cumpleaños.
- Lo siento, mamá.
- Bueno, está bien, te calentaré la cena -suspiró.
- ¿Estaría bien si mi amigo se quedara a cenar? -preguntó con cuidado porque en realidad no era el mejor momento para pedir un favor.
- ¿Qué amigo? No veo a nadie.
- Ah, estaba justo aquí -Joe dijo mientras miraba alrededor sorprendido y siguió a su mamá confundido. Unos minutos después subió las escaleras hacia su habitación, con su cena caliente y allí encontró al mago esperándolo de la nada.
- ¡Ah, allí estás! ¿Dónde estabas? -el muchachito preguntó.
- Estaba allí, pero ya no pudiste verme -. Joe miró de algún modo sorprendido y le ofreció un pedazo de pollo.
- No gracias, acabo de comer. Pero en realidad, podrías hacerme un favor y mostrarme tu nuevo juego.
- ¿Quieres jugar?
- No, no en realidad; no me entusiasma precisamente dispararme a mí mismo, pero me gustaría saber quien creó ese horrible juego sobre mí.
- Ah, podrías fácilmente averiguarlo en internet -Joe sugirió cuando terminaba su cena.
- ¿Internet? ¿Qué es eso?
- Es la Web Mundial. Puedes buscar lo que sea en ella.
- Ah, ¿te refieres al Libro de la Vida?
- No sé nada de eso, pero te mostraré en la computadora -y encendió el aparato.
- Quiero ser científico de informático cuando crezca -declaró Joe mientras él esperaba.
- Eso es excelente. Pero espero que no inventes ninguno de esos juegos asesinos -. Pero el muchachito no lo oyó porque estaba absorto en la ruidosa computadora.
- Pensé que estabas trastornado antes, pero en realidad estás bien -dijo Michel cuando Joe dejó el teclado por un minuto.
- Gracias.
- A propósito, tienes un hermoso barco allí en la repisa de la ventana.
- Es un modelo en escala de Providence -dijo le muchachito con orgullo-. Fue usado para transportar esclavos en el siglo diecisiete.
- Sí, los humanos no son siempre amables, ¿verdad? Homo homini lupus.
- Ves, esta es una máquina para investigar. Sólo escribes las palabras clave para buscar cosas, Joe le mostró cuando apareció la pantalla e inmediatamente él comenzó a escribir algunas palabras.
- No puedo encontrar nada aún -dijo después de varios intentos.
- ¿Por qué no intentas "diseñador, juego, mago y tonto" todo junto? -Michel sugirió, pero eso tampoco daba resultado alguno.
- Máquinas buscadoras no pueden encontrar nada -dijo con desdén-. Sólo dame la caja y permíteme ver la parte de atrás. Debe tener información allí -. Joe se levantó, tomó su mochila, la cual estaba en un rincón de la habitación.
- Qué cagada, el juego no está aquí dentro. Debo haberlo olvidado al lado del río.
- Vámonos enseguida -dijo el mago y salieron corriendo de la casa hacia el puente.
- Llegamos demasiado tarde; el juego desapareció -Joe veía mientras se acercaba al banco. Comenzó a buscar por la zona y de pronto notó algo.
- ¡Ese tipo por allí! Tiene la bolsa plástica con mi juego dentro.
- Bien, vamos a conseguirlo -dio Michel, pero el rostro de su amigo se había puesto blanco.
- ¿Qué pasa?
- Pertenece a los Crips -Joe respondió asustado-, son muy peligrosos.
- Bueno, Crip o Chip, no me importa; no tengo elección alguna -sacó al niño de su camino y con determinación comenzó a ir tras el otro tipo.
- Oye, ¿ni siquiera te vas a despedir? -Joe gritó, pero el hombre extraño ya estaba lejos y no podía oírlo y decidido volaba tras el joven.
"Hoy no es mi día", Michel se quejaba al mismo tiempo que alcanzaba al miembro de la pandilla. Este se metió en el subterráneo e introdujo una moneda en una puerta de acero. En cuanto se destrabó la cruzó, mientras el mago simplemente atravesaba las barras. Llegaron a una plataforma, en donde el Crip debía esperar. Tenía una expresión aburrida en su rostro. Brevemente observó su botín, lo que había saqueado, e insatisfecho, lo volvió a poner en el bolsillo de su chaqueta y descaradamente dejó caer la bolsa plástica al suelo. Unos minutos después, un tren se detuvo y subió junto con el fantasma. El tren comenzó a moverse nuevamente. Después de un viaje de una hora con muchas paradas, en donde los pasajeros subían y descendían, aún no había sacado el juego.
"Al menos el tiempo me sobra y no me tiene ahorcado", Michel pensó sentado tras él con increíble paciencia. Finalmente, el pequeño sinvergüenza descendió y mientras subía las sucias escaleras se topó con sus amigos, quienes tenían una mirada particularmente desagradable en sus ojos.
"Si las miradas pudieran matar…" el vidente pensó.
- ¡Oye, Mike! Era hora de que llegaras. Te estuvimos esperando mucho tiempo -dijo Enrique, un muchacho cubierto de tatuajes.
- Estaba persiguiendo a unos tontos en Brooklyn y no puedo llegar aquí más temprano -Mike mintió.
- ¿Qué estabas haciendo? -preguntó Bob, quien tenía puesto un gorro de baseball hacia atrás-. Se está poniendo aburrido por aquí. Nadie ha sido linchado en 9 días.
- Pero los Bloods no se han visto desde entonces -dijo Mike con serenidad.
- Muchachos, el hedor del pis por aquí me está dando nauseas -se quejaba Enrique- ya vámonos -y todos terminaron de subir las escaleras.
- Larga vida al Bronx -Bob gritó entusiasmadamente cuando salieron y las barras bravas se pavonearon por el vecindario el cual estaba lleno de edificios de apartamentos lúgubre.
"Será mejor que tenga cuidado en este bajo mundo", Michel pensó. "Algún espíritu diabólico podría atacarme fácilmente por detrás porque lo similar se atrae". Estaba comenzando a anochecer y los tres sospechosos entraron en un almacén para comprar algunas bebidas. La caja registradora estaba ubicada a una altura de dos metros y estaba siendo custodiada como una fortaleza. De pronto, un auto de la policía se acercó haciendo un aullido con la sirena a toda potencia a la vuelta de la esquina y se detuvo en seco con un chirrido. Los oficiales se bajaron, agarraron a un transeúnte al azar y violentamente lo arrojaron sobre el capó del auto. Los tres Crips observaron fascinados mientras engullían de sus latas con tranquilidad.
- Parece que atraparon a alguien otra vez -Enrique se rió. Se acercaron al incidente, en donde un residente de la zona estaba siendo cacheado por un delito o algo así.
"Bien muchachos; saquen ese juego ahora", pensó Michel, su paciencia ahora se estaba acabando. Mike, quien aún tenía el juego en su bolsillo, tenía, sin embargo, otras ideas. Después de detenerse en un bar, en donde el fantasma esperaba con tristeza, los amigos finalmente decidieron ir a casa. Una calle más adelante, entraron en un complejo de apartamentos de apariencia raída, en donde subieron a un elevador destartalado. Arriba, los Crips ingresaron a un apartamento desordenado en donde se tiraron en un sofá muy gastado. Mike se sacó la chaqueta y extrajo el juego. Nostradamus se acercó de prisa, pero todo lo que pudo ver fueron los dedos largos del muchacho.
- ¿Qué tienes allí? -Bob preguntó arrastrando las palabras.
- Oh, un juego de computadora que encontré en la calle: Engañen al Mago -respondió Mike.
- Sólo engañamos a los Bloods -bramó Enrique quitándole la caja y arrojándola por la ventana.
- Oye, imbécil, yo decidiré sobre eso -Mike juró mientras caminaba hacia la ventana para ver en donde había caído la cosa.
"Esta es mi oportunidad", Michel pensó. Se lanzó por la ventana y voló abajo hacia el juego, el cual había caído al lado de un bote de basura. Pero una vez que llegó allí se dio cuenta de que había oscurecido demasiado y no podía leer el texto.
"Algunos sueños son así", se lamentó: "todo sale mal". Y se sentó al lado del bote de basura con desánimo.
"Sólo tendré que esperar hasta que venga la luz".
La noche pasó y temprano en la mañana un camión de la basura venía por la calle. Uno de los basureros recogió toda la basura suelta de la calle y arrojó la caja del juego en el molinillo, antes de que el soñador ni siquiera notara lo que estaba haciendo. De pronto completamente despierto, valientemente se lanzó tras el juego y terminó con la basura aplastada. Llevó horas antes de que la basura mal oliente fuera arrojada a la gran montaña de basura. Luego la caja por fin cayó, prácticamente sin daño y del lado correcto.
- ¡Eureka! -Nostradamus gritó con felicidad y encontró una dirección.
"Um, en algún lugar de Manhattan", comprendió. "La numeración de la calle es fácil de todas maneras." Voló hacia arriba como un cohete y se dirigió a toda velocidad hacia la isla llena de gente. Después de haber cruzado el río, voló por la ciudad a toda velocidad hacia el centro, en donde descendió cerca de una cafetería.
"Creo que es esto", y ingresó a pie por la entrada, en donde muchas personas estaban esperando a los elevadores. Junto con los otros, entró en la caja, la cual los llevó al piso 99 en menos de un minuto.
"No tan rápido como yo, pero está bien", descendió y comenzó a buscar la maldita oficina de la cual había salido el juego.
"Número 214, 216, 218, aquí es", Michel murmuró mientras deambulaba por la puerta de la oficina de diseño como un fantasma.
- El predador es bastante limitado -oyó que alguien llamado Max le decía a su diseñador-. Será mejor cambiar los personajes con biomods, pero tendrá que escogerlos con mucho cuidado.
-¿Podrá ver a sus enemigos a través de los muros? -preguntó John.
- Si es necesario -. Los dos hombres estaban sentados a la computadora y estaban estudiando un cuadro de un juego que estaban desarrollando.
"Entonces es aquí en donde se siembra la maldad", el vidente contemplaba sin perderse un detalle.
- He reunido información sobre la actualización de Wealth Leech -John continuó-. Iré por el archivo -. Se dirigió a su lugar de trabajo y regresó con una carpeta.
- Ah, maravilloso, gracias -dijo Max mientras tomaba la carpeta-. ¿Qué sucede con la descarga extra del mago, por cierto? - Michel aguzó sus oídos.
- Terminé de hacer algunos ajustes durante una semana en casa -respondió su colega-. Lo hice más ingenioso a Nostradamus. Ahora puede usar materiales orgánicos de cadáveres para recuperarse.
- Las primeras reacciones no han sido espectaculares -rezongaba Max-. Tal vez será mejor con estas nuevas adiciones. A decir verdad, en realidad, no me resulta lo suficientemente fascinante para disparar. ¿Puedes hacerlo verse más peligroso, pero de manera tal que siga pareciéndose a un mago?
- Veré lo que puedo hacer.
- Sí, bueno, ya sabes, los niños quieren violencia y no, sutileza.
- Por supuesto. Ya quité la biblioteca y ahora hay rayos laser que emanan de sus ojos. Pero cambiaré su apariencia también.
- Bien, me pondré a trabajar entonces -dijo Max y su colega lo dejó y se dirigió a su lugar de trabajo en el hall. Después de conseguirse una taza de café, John se sentó en una de las computadoras al lado de la ventana. Una imagen del famoso vidente apareció inmediatamente y comenzó a deformarlo experimentalmente.
- Oye, esos son mi cabeza y mi cuerpo -Michel gritó mientras miraba por encima del hombre de John. Tranquilo, John quitó el sombrero de pirata y en su lugar pegó un peinado salvaje. Luego le quitó la barba, pero después algún rezagado la puso devuelta y la hizo más larga, para que llegara al suelo. Brevemente reflexionó sobre su nuevo enfoque, en el momento en que el protagonista del juego miraba los dibujos de sí mismo echado sin hacer nada al lado de la computadora.
"Este juego no debe ser un éxito rotundamente", pensó obstinadamente y comenzó a idear un plan de ataque. John, entre tanto, le había quitado las extremidades para reconstruir el torso. Estiró el cuerpo cortado en todas direcciones y dejó que sufriera toda clase de enfermedades. Finalmente, terminó con un combatiente inflado quien solo se parecía vagamente a un mago. Entretanto, el desesperado fantasma estaba dirigiendo todos sus poderes a la computadora, la cual rápidamente se tildó.
- ¡Oh no, no otra vez! -se quejó John. Un segundo después, su café se derramó sobre los dibujos cuestionados en el escritorio.
- ¡Esto se está tornando escalofriante! -balbuceó. Llamó a su jefe y le contó lo que estaba sucediendo.
- No creo en fantasmas -Max respondió mordazmente-. Estoy seguro que tú mismo derramaste el café y las computadoras se tildan a veces.
- ¡Ni siquiera toqué mi café! -protestó John-. ¿Quizás este juego es sacrilegio?
- ¡Fue tu idea! Tú eres el que quería que Nostradamus fuera una figura de acción.
- Sí, porque cuando hice nuestra investigación de mercado, él era muy popular -John se defendió mientras secaba el café derramado con un trapo limpio-. Ah, bueno, al menos hice copias y copias de seguridad -. Mientras los dos hombres peleaban sobre la existencia de Dios, comenzó a remorderle la conciencia a Michel. Se dio cuenta de que se estaba metiendo con el destino y empezó a dudar de la justicia de su intromisión.
"Debería saberlo realmente", se dio cuenta. "Me dejé influenciar por el temor. Me falta fe en el Todopoderoso." Su intuición también le advirtió que podría haber algunas consecuencias.
- Si el techo se derrumba también -Max expresó de repente en voz fuerte-, te creeré.
Parecía que el diablo estaba jugando porque en ese preciso momento, un avión grande voló directamente hacia ellos. Michel vio al monstruo que venía y se quedó completamente atónito.
"Por Dios, ¿yo causé eso?" se preguntaba sintiéndose culpable; pero no, tenía que ser coincidencia. El avión perforó la torre justo debajo de ellos y el edificio entero comenzó a tambalearse peligrosamente a raíz del intenso impacto. Inmediatamente, todas las luces y las computadoras se apagaron. John y Max, boquiabiertos, se quedaron mirando fijo a lo que no podían creer que estaba sucediendo y luego se abrazaron fuertemente presos del pánico. El vidente fue corriendo hacia la ventana donde nubes gigantescas de humo se elevaban. Por debajo de él, volaban escombros, mezclados con cuerpos, en todas direcciones. Los dos diseñadores estaban ahora caminando en círculos aturdidos y de pronto comenzaron a llorar. Cuando el personal de oficina de los pisos de arriba comenzó a bajar en tropel por las escaleras, reaccionaron y siguieron a los demás. Corrieron hacia los elevadores como si estuvieran poseídos, pero estos no funcionaban. Arañaban histéricamente las puertas del elevador. Le siguieron una serie de explosiones y luego un montón de humo sofocante, mezclado con el olor de la sangre y la ropa quemada, llenó la habitación. La gente gritaba y, desesperados, comenzaron a saltar por las ventanas. Un minuto después, un segundo avión voló hacia el otro rascacielos cerca y la enorme explosión provocó que el edificio se tambaleara nuevamente. Aquello era el caos más absoluto; un enorme mar de fuego irrumpió el descenso por las escaleras y pronto los dos edificios colapsaron. La protección automática de su cuerpo terrenal retiró a Nostradamus y abrió sus ojos en su habitación en un estado de shock. El ataque sin precedentes quedó grabado en su memoria por siempre jamás.





Capítulo 12



El anticristo pronto destruye los tres
Su guerra se prolongará por veintisiete años
Los no creyentes: capturados, muertos o prohibidos
Cadáveres y granizo rojo desparramados por la tierra


De Chavigny estaba listo con su pluma. Su maestro estaba a punto de dictarle algo; estaba sufriendo de gota.
- Bien, Christophe, escribe: "Del cielo vendrá un rey del terror". Y diligentemente sumergió su pluma en la tinta y escribió las palabras que le dictaron.
- Oh, espera un minuto, cambia esa última parte de "rey del horror". El empleado tachó la frase mientras su jefe miraba por la ventana del ático el cielo otoñal. Christophe esperó en el escritorio por la nueva línea del verso.
- "El gran líder mongol resucitará de entre los muertos." -continuó el erudito y nuevamente se podía oír el golpecito contra el tintero-. No eso es demasiado claro. Cámbialo por "El rey de Angolmois resucitará de entre los muertos." -y nuevamente corrigió el texto.
- Concluyendo: "1999, el séptimo mes. Después y antes, Marte regirá con felicidad".
- Eso será en 436 años, Maestro, si mis cálculos son correctos.
- No, no lo estoy haciendo así de simple. La fecha de ejecución de esta cuarteta será el 2012 -Nostradamus inventó.
- Oh, ¿no hasta esa fecha? -el empleado dijo entre dientes sintiéndose perdido.
- Vamos a sentarnos a la galería, Christophe. Es uno de los días de otoño más hermoso del año -y los dos hombres bajaron las escaleras.
- ¿Todo terminado con su trabajo? -preguntó Anne. Estaba seleccionando cosas viejas con la empleada doméstica.
- No, vamos a trabajar afuera -su marido respondió mientras sacaba algunas cartas de su escritorio privado antes de salir de la sala.
- Vaya, una nueva mecedora -el empleado notó cuando llegaron a la galería.
- Sí, es para detener mis pensamientos -su jefe le explicó sentado en una silla de mimbre.
- Christophe, me gustaría que respondieras hoy a esta carta del Obispo Méandre. Ese hombre exige que tenga su autorización antes de la publicación de mi próximo almanaque.
- Méandre es un hombre de mentalidad cerrada.
- Sí, estoy de acuerdo y según parece, estoy invadiendo su territorio. Pero escríbele una carta formal y explícale que, por desgracia, no puedo cumplir con sus exigencias por las siguientes razones: El contenido de mi almanaque no es blasfemo y no perjudica a la Iglesia en forma alguna. Además, yo no puedo llevar a cabo mi trabajo con restricciones impuestas.
Christophe prometió hacerse cargo de eso. Justo en ese instante, Anne entró e interrumpió la charla de negocios.
- Pauline está enferma; ¿podrías ir a verla? -preguntó. Su marido se levantó para ir a examinar a su hija. Pauline se retorció y se dobló formando un pequeño capullo en el rincón de la sala.
- Deja que papá te vea, cariño - él le cantó suavemente y ella salió de su capullo. Estaba pálida.
- Me parece que sólo pescaste un resfriado. ¡El verano se termina, lo sabes! Será mejor que comiences a usar un saco -y él la alzó y lo posó sobre la mesa.
- Te prepararé algo caliente y después de que lo hayas bebido, te irás a la cama hasta que te sientes bien. ¿Estamos de acuerdo? - La niña asintió con la cabeza tímidamente. Él fue a la cocina y unos minutos más tarde regresó con una mezcla de hierbas.
- ¡Hasta la última gota!
- ¡Puaj! -Pauline se quejó después del primer sorbo y alejó la bebida.
- Vamos, si quieres sentirte mejor, debes hacer un pequeño sacrificio -y cuando había terminado la medicina, él llevó al paciente a la cama. De regreso con su secretario, continuó su trabajo. Hablaron exhaustivamente sobre el nuevo almanaque, el cual debía terminarse esta semana.
- Nariz de chanchito, nariz de chanchito -uno de los niños de pronto bromeaba.
- ¡André, será mejor que dejes en paz al Sr. De Chavigny! Puede escribir en inglés mejor que nosotros dos juntos. El muchachito salió detrás del arbusto e intentó imaginar qué hacer después.
"Me pregunto si tal vez no lo presto demasiada atención a mis hijos", el padre cavilaba y tuvo una idea.
- ¡André, ven aquí por favor! - Su hijo salió del jardín.
- Ve y pregúntale a tus hermanos y hermanas si tienen ganas de hacer una fogata al lado del río -. El muchachito salió corriendo con alegría. Después del almuerzo, Christophe subió y desapareció y el erudito estaba listo para salir con sus niños en la sala.
- ¿Quién viene al Touloubre? -quería saber.
- André, César y yo -Paul respondió, audazmente sentado en la silla de su padre.
- ¿Nadie más? - Pero al parecer no hay más candidatos.
- Bueno, seremos solos nosotros los hombres, entonces -el padre decidió y recogió la caja de la yesca del manto.
- ¿Por qué no se llevan las cañas de pescar? -agregó Anne-, así comeremos pescado mañana -. Su marido recogió el aparejo de pesca del galpón y los hombres partieron.
- Olvidaron llevar un balde -Anne les gritó detrás, pero no la oyeron y salieron del pueblo por un sendero secreto para evitar así a los admiradores del padre.
- Oh, por Dios, nos olvidamos traer un balde -lo descubrió cuando ya estaban a medio camino del Sendero del Sicomoro.
- Vuelvo a buscar uno -se ofreció César y un poco más tarde él se reunió con ellos con el balde. Llegaron al río, el cual fluía al sur de Salon y se peleaban por cuál sería el mejor lugar para pescar.
- El mejor lugar es sin duda del otro lado cerca de los Cipreses -Paul aseguró. Decidieron seguir su consejo y cruzaron el puente Roman.
- La próxima semana tendré ocho -anunció André cuando llegaron a la otra playa.
- No te preocupes, no nos olvidaremos, hijo, pero ¿qué vamos a hacer primero, pescar o encender la fogata? - Paul ya había decidido el lugar de pesca y nuevamente siguieron su iniciativa.
- ¿Me pondrías una carnada en mi anzuelo por favor, César? -pidió el padre cuyos dedos le estaban lastimando un poco y el muchacho le enganchó un pedazo de masa en el anzuelo por él. Los cuatro se sentaron amigablemente a orillas del río y Paul fue el primero en atrapar un pez.
- ¿Por qué él es siempre el primero? -André gritó con envidia.
- Yo hago esto bastante a menudo -informo su hermano.
- La práctica hace al maestro -el padre acordó y todos comenzaron a mirar fijo un poco más a los flotadores.
- Las asociaciones están levantando una escuela -comentó César- me gustaría ir a esa.
- ¡Excelente! Me agrada ver que mis hijos usen sus cerebros. ¿Y qué opinas de la escuela, Paul? -preguntó el padre.
- Bueno, está bien, pero me gusta mucho más la música. ¡Atrapé uno! -y sacó una lubina-. Por cierto, voy a tocar música con Lisette el sábado en el Tambourine -dijo mientras colocaba el pescado en la cubeta.
- ¿Esa no es la hija de De Craponne? -preguntó el padre.
- Así es. Lisette toca la viola. Está aprendiendo una partitura para la inauguración del canal, el cual se extenderá hacia Salon el próximo año.
César y André también habían atrapado un pescado por ahora.
- No estoy pescando ni uno…
- Se requiere cierto truco, papá -opinó Paul-, lo tienes o no lo tienes -. De pronto, el flotador de Michel desapareció muy debajo de la superficie y tuvo que jalar de la caña con toda su fuerza. Un calamar gigante voló por el aire y con furia extendió sus tentáculos hacia Michel. Confundido, el vidente fue atrapado por el cuello y se defendía con miedo mortal. Justo cuando comenzaba a sofocarse, el monstruo de pronto desapareció.
"Por Dios, ¿qué clase de augurio podría ser eso?" pensó mientras recuperaba su aliento y se reponía del espejismo.
- Es suficiente pescado para nosotros, devuelvan al próximo al agua -dijo bajo control a sus hijos, quienes no habían notado nada.
- Hagamos una fogata entonces -André sugirió y todos guardaron sus cañas. Unos minutos después juntaron alguna madera y ramas muertas y tuvieron una fogata rugiente.
- ¿Podemos poner un pescado sobre el fuego?, tengo hambre -propuso Paul.
- Acabamos de comer -dijo César.
- Vamos a llevar todo el pescado a mamá -decidió el padre-. Los fritará mañana -. Cuando el fuego se había consumido y comenzó a hacer un poco de frío, decidieron regresar a casa.
- ¿Qué haces cargando esa roca pesada, André? -Paul preguntó cuando cruzaban el puente. Su hermano entonces dejó caer la roca al río. En el instante en que el agua del río lo salpicaba, el padre miraba nerviosamente para asegurarse de que ningún tentáculo furioso se elevaría de las aguas.

El rey invierno tenía al país en sus garras. La temperatura había descendido drásticamente en sólo unos días y hacía más frío que nunca. Un furgón policial, acompañado de gendarmes, llegó a la plaza angosta en el corazón de Salon y se detuvo en el número dos. Mientras algunos de los vecinos se asomaban a sus ventanas con curiosidad, los oficiales bajaron de los caballos y el comandante golpeó la puerta con una mirada severa en su rostro. Nostradamus, evitando la luz, apareció en la ventana y finalmente comprendió el presagio de un mes anterior.
- Michel de Nostredame, en nombre de la ley, usted está bajo arresto -proclamó el oficial principal cuando el erudito abrió la puerta. Se le concedió un minuto para recoger algo de ropa y despedirse de su familia. Anne llegó demasiado tarde y observó con ojos tristes a medida que su marido se desaparecía dentro del furgón con un bolso talego.
- ¡Michel! -gritó por las calles. El pueblo entero estaba furioso. Al científico más elogiado lo llevaron con cadenas por el pueblo y los rumores más extraños inmediatamente comenzaron a circular. El detenido viejo fue trasladado al castillo de Marignane en las afueras de Marseille y allí fue encerrado igual que a un criminal común. Más tarde eses día, recibió una visita de Claude de Tende, el gobernador de Provence.
- Lo lamente terriblemente, Michel -su amigo comenzó y se lo veía más blanco que un fantasma-. El obispo Méandre me obligó a hacerte arrestar por tus publicaciones que se apartan de las normas. Amenazó con llevarme a la corte también si no cooperaba. Hay algunos temas delicados de mi pasado, que podría usar en mi contra.
- Oh, fue culpa mía; yo soy el que ha estado tan ansioso para que se publicaran. Sólo espero volver a ver a mi familia…
- Hay más novedades, malas -Claude dijo con melancolía-. Hubo un ataque al papa. Sobrevivió, pero tu amigo Rabelais no lo logró. Lo asesinaron -. Ese fue otro gran golpe de sufrimiento para Nostradamus.
"Solía poder predecir esta clase de cosas", pensó. "Todavía era puro entonces, pero mi éxito se me había subido a la cabeza últimamente; pensé que era invulnerable."
- Soy un vidente inútil, Claude -expresó.
- No, eso no es verdad. Es sólo que el obispo tiene más poder que cualquiera de nosotros pudo haber imaginado.
- Sí, y ahora tendré que defenderme contra el jefe superior de la Iglesia y el resultado está predeterminado. El mejor de los panoramas será un conflicto prolongado por años, el cual me arruinará.
- Bueno, esperemos por un resultado positivo y le vuelvo a asegurar que mis manos están atadas -. El gobernador se despidió de su amigo.
Mientras estaba en la prisión, el erudito hizo algunos ejercicios diarios con el fin de permanecer saludable, pero después de una semana de frío, comenzó a debilitarse peligrosamente. Su avanzada edad y el reumatismo se apoderado de él y finalmente sucumbió y se recostó en el banco. Sólo observaba el exterior a través de las barras de la ventana. Estaba nevando; un evento raro en el sur de Francia. Algunos copos de nieve revoloteaban y entraban por la ventana y caían en sus manos congeladas.
"Parece que pereceré antes de que siquiera haya puesto un pie en la corte", se quejaba. "Bueno, será mejor que no pierda mi tiempo inquietándome por eso", y se envolvió en su manta.
"Fe, eso es todo lo que puedo hacer; mantener la fe", y debido al agotamiento, su espíritu huyó.

Una caravana estaba viajando por el desierto, hacia las cimas de las montañas cubiertas de nieve. El viento de polvo que soplaba del sudoeste hizo el viaje más difícil para el grupo, las mujeres y los niños que cerraban la marcha.
- ¡Muévanse! -gritaban en forma reiterada los que dirigían a la mula. Finalmente, los fugitivos dejaron la planicie árida con sus bestias de carga colmadas para encontrar refugio en las estribaciones.
- Acamparemos aquí -el líder con el turbante azul ordenó cuando entraron a un valle rocoso. La caravana se detuvo y la tribu fastidiosa tuvo oportunidad para descansar. Algunos tenían botellas de agua en las bolsas sobre las bestias de carga y las repartieron.
- Beban con moderación -el líder advirtió-, esto debe durarnos algunos días más -. Desde lo alto de un acantilado rojo, una persona de la montaña estaba observando al grupo.
- Beshir, dirígete a ese hombre y pregúntale quién es -su jefe ordenó-, parece ser un Pashtun -. Beshir escaló la masa rocosa y después de un rato alcanzó al hombre, quien se encontraba tranquilamente parado allí usando un atuendo largo y marrón.
- ¿Me permite preguntarle quién es usted? -el explorador indagó mientras recuperaba el aliento tras escalar la última de las rocas.
- Puede llamarme Sermo -el extraño respondió. Su gruesa barba flameaba en el viento al mismo tiempo que él estaba inmóvil en el sol.
- Mi nombre es Beshir y somos de Pathanes del norte. Buscamos un refugio seguro en las montañas.
- Pues les aconsejo dejar este valle inmediatamente porque una lluvia de mil demonios destruirá este valle en veinte minutos -. El explorador lo miró con asombro.
- Le agradecería muchísimo si usted pudiera contarle esto a mi líder -finalmente expresó -. Juntos descendieron las rocas y pronto llegaron al campamento en donde Beshir presentó a su jefe al personaje extranjero.
- ¿No nos conocimos antes? -el jefe preguntó.
- No que yo recuerde - el hombre de la montaña respondió.
- ¿Entonces este valle está al borde de ser destruido? ¿De dónde obtuvo esa información?
- Estoy en contacto con el Todo -la persona de la montaña clamó-. Por allí, a la derecha, debajo de esa grieta, encontrarán una cueva donde todos ustedes pueden ocultarse.
- ¿Es verdad eso de la cueva? -el líder preguntó. Beshir asintió con la cabeza. Su jefe pensó por un momento y luego hizo una señal a uno de sus hombres.
- Alalaam, lleva inmediatamente a todas las mujeres, los niños y a la mitad de nuestros hombres hacia la cueva que Beshir te mostrará. Los demás continuarán levantando el campamento -. Alalaam rápidamente dividió los Pathanes y con Beshir a la cabeza, cientos de los miembros de la tribu descendieron hacia la grieta.
- No puedo dejarte libre -el líder le dijo a Sermo-. Deberá entrar en la cueva con nosotros porque siempre debemos estar preparados para los traidores -y sus hombres lo mantuvieron dentro del campo de tiro-. Pero si tiene razón, estaremos muy agradecidos y recibirá una generosa recompensa -y el supuesto profeta fue obligado a aceptar.
- No queda mucho tiempo -el extraño expresó seriamente mientras descendían.
- Ya veremos -el líder respondió y momentos después entraron en la cueva en donde el grupo que había salido anteriormente ya se había puesto a cubierto.
- Es un túnel que atraviesa todo el camino, jefe -gritó Beshir, quien estaba regresando-. Se dirige hacia el próximo valle y -… De pronto una gigantesca explosión hizo temblar a la montaña desde sus cimientos y los guardias en la entrada fueron arrojados hacia dentro de la cueva. Grandes trozos de rocas caían peligrosamente del techo y la mayoría de las personas cayeron. Se calmó nuevamente y los Pathanes se levantaron y se sintieron temblorosos.
- Esa fue una enorme explosión -el líder dijo entre dientes mientras se sacudía el polvo de su ropa. El daño resultó ser mínimo: sólo hubo unos pocos levemente heridos. El líder corrió hacia afuera con sus confidentes para ver cómo se encontraban sus otros hombres. Una enorme bomba sin precedentes había destruido completamente el valle dejándolo en ruinas. No quedó nada del campamento o cualquiera de sus compañeros luchadores. El pequeño grupo regresó a la cueva y el jefe fue en busca de su invitado.
- No me he presentado aún; yo soy Osama Bin Laden. Ahora tiene la libertad para irse. Sin embargo, espero que se quede con nosotros y nos ayude con sus dones especiales.
- Ayudo a toda la humanidad y me quedaré con ustedes hasta que el peligro se haya mitigado -expresó el profeta.
- Eso será para mí completamente satisfactorio. ¿Está bien Mohammad todavía? -Bin Laden preguntó a Alalaam.
- Sí jefe, está volviendo a cargar su mula.
- Dile que nosotros descansaremos aquí y que de ahora en adelante viajaremos por la noche -y su ayudante despareció por el corredor angosto el cual estaba lleno de fugitivos agotados.
- ¡El enemigo no nos atrapará! -Bin Laden alentó a todos-. Alá nos ha enviado a su hijo -y toda su gente vitoreó-. Ahora descansen, porque esta noche seguiremos con el viaje. Yasser, dale mantas y comida a nuestro valiente salvador -. El asistente llevó a Sermo hacia el túnel y pasaron algunos soldados, quienes estaban poniendo a punto sus armas. El recién llegado recibió los artículos necesarios de una dama con el rostro cubierto con un velo.
- Relativamente pocas mujeres y niños -comentó mientras se preguntaba por qué.
- Todas las mujeres y los niños son de Osama -aclaró Yasser. Después de haber comido y bebido, los Pathanes descansaron, excepto por unos pocos guardias en la entrada. Después de que el sol había descendido, Bin Laden invitó a su huésped misterioso a asistir a la Jirga. Aceptó. Los dos se dirigían hacia la junta, cuando a Osama le vino la inspiración.
- Ahora recuerdo de donde te conozco -dijo-. Hace años tuve un sueño inspirador, en el cual un hombre viejo y sabio me hizo señas desde un rascacielos. ¡Ese eras tú! - Instantáneamente, Nostradamus recuperó su aplomo y tuvo una visión de toda la peculiar situación.
"Pues, seré… Yo personalmente serví a ese jefe. Igual que el genio convocado de la lámpara de Aladino. Ese musulmán tiene poderes especiales", pensó. Y sintiéndose aún un poco en la nebulosa, trató de recuperarse. Un grupo de sabios ya estaba sentado en el cónclave y Osama y su huésped se unieron a ellos.
- Nuestros luchadores continuarán dedicándose a la guerra santa -habló alguien llamado Mullah cuyo rostro estaba oculto tras una tela.
- ¿Pero cómo? Apenas estamos sobreviviendo y la preponderancia de los no creyentes es grande -dijo otro miembro de la junta. El militante Ahmed ahora se movió.
- Primero debemos ubicarnos apropiadamente en las montañas y luego atacaremos con la fuerza de destrucción -propuso.
- Sí, eso es bueno. Todos queremos continuar la lucha contra los cristianos -Mullah resumió-, por consiguiente, abogo por la última batalla decisiva y Alá nos conducirá a la victoria.
- No, si queremos ganar la batalla en contra de los estadounidenses, debemos escapar -comentó Osama en forma crítica-. Además, en términos militares ni siquiera existimos.
- ¿Qué tienes en mente? ¿Ocultarnos en Jalalabad o cruzar la frontera? -inquirió Mullah.
- Sí, estaba pensando en Pakistán en donde podremos planificar nuevos ataques contra el Oeste por todos los frentes -. Una cantidad de sabios estuvieron de acuerdo con él.
- ¿Qué opina de esto Sermo? -preguntó Osama.
- Bueno, yo no soy estratega -dijo, al darse cuenta ahora de que no se encontraba en la compañía de un grupo de amantes de la paz.
- ¿No presagia ciertos peligros?
- No, nada me llega en este momento -respondió con cautela. La junta finalmente decidió cruzar la frontera a Pakistán por el camino del Paso Khyber. El viaje a través de las caprichosas montañas fue muy riesgoso, pero cuando llegaran al país vecino, estarían a salvo entre tribus amigables. Beshir, entre tanto, estaba despertando a todos porque era el momento de seguir camino. Mientras la caravana comenzaba a moverse lentamente, el clarividente se unió a Bin Laden.
- ¿Eres un sunita? -preguntó este último.
- No, no lo soy.
- ¿Chiita? - Pero Sermo indicó que tampoco pertenecía a ellos.
- Pero eres un hermano musulmán, ¿verdad?
- Me comporto de acuerdo con las reglas del Ser Supremo. Se llama Dios o Alá.
- Bueno, no permitas que ninguno de los demás te oiga decir eso. De cualquier modo, estás en contra de los estadounidenses -. El convoy se detuvo por un rato porque el túnel era demasiado angosto para atravesarlo fácilmente.
- ¿Por qué se dedican a la guerra? -indagó Sermo.
- Los estadounidenses están permanentemente en Arabia Saudita y están profanando la tierra santa con su presencia.
- ¿Los estadounidenses? Esos son los habitantes del Nuevo Mundo, ¿no es cierto?
- ¿Estás varado en el tiempo o algo así? Los paladines son de muy lejos, sí, ¿pero del Nuevo Mundo?
Te refieres al mundo arruinado -y un lado de la boca de Osama hizo una mueca con una cruel expresión desdeñosa.
- ¿Por qué los estadounidenses los bombardean?
- Nosotros los atacamos para destruir su poder.
- ¿Te refieres a aquel ataque en ese rascacielos?
- Sí, y tú me diste la idea, pero estás haciendo muchas preguntas -dijo Osama irritado y terminó la conversación.
"Santo cielo, es el anticristo que se menciona en la Biblia", de pronto comprendió Nostradamus. "Me he estado dejando engañar por el futuro hijo de la destrucción. Es verdaderamente extraña la manera de ser examinado."
Con el tiempo, los luchadores llegaron al mundo exterior y la costa se veía despejada. El convoy entonces continuó su viaje bajo el cielo abierto por una superficie rocosa que estaba lindada con cadenas montañosas a ambos lados. La procesión no viajaba muy rápido y Bin Laden estaba preocupándose.
- ¡Un helicóptero! ¡Ocúltense todos! -de pronto gritó. En la distancia hubo un ruido espantoso que rápidamente se acercó y los fugitivos muy de prisa se ocultaron en agujeros y grietas y se quedaron completamente calmos. Un reflector brillaba por sobre el paisaje inhóspito y pronto volvió a desaparecer, luego de lo cual el líder ordenó a todos continuar con la marcha. Las condiciones climáticas cambiaron a su favor: las nubes ascendentes mantuvieron a la caravana fuera de la visión. Después de un largo viaje, Beshir señaló una cueva en donde su gente se ocultaría durante el día. Luego comenzó a llover y las últimas mulas fueron empujadas hacia el lugar oculto. Los árabes bajo excesivas presiones tuvieron una oportunidad para recuperar el aliento.
- Tengo malas noticias -dijo Bin Laden a sus cómplices -. Los paladines están haciendo un movimiento de tenazas y están rastreando todas las cuevas.
- ¡Entonces estamos perdidos! -gritó Alalaam.
- No, es obvio que estas montañas no se pueden cerrar -respondió su jefe.
- Estoy seguro de que los estadounidenses sobornarán a algunas tribus locales y ellos nos entregarán -opinó Ahmed.
- Las personas de montaña son todos leales a mí -reaseguró el generalmente silencioso Mullah.
- Tal vez nuestro amigo Sermo reciba más señales desde arriba -expresó Osama. Pero Sermo permaneció distante y ya no planeaba seguir el juego. Unas pocas horas después, dispararon inesperadamente a los guardias de la entrada; algún grupo estadounidense los había encontrado.
- ¡Levántense y sigan caminando! -el líder ordenó inmediatamente. Los discípulos militantes pronto continuaron y se adentraron en lo más profundo de la montaña. Luego algunos de los seguidores leales explotó la entrada hacia la cueva; el camino hacia el interior fue bloqueado permanentemente para el enemigo y por el momento, estaban a salvo. Beshir condujo al grupo a través de varios corredores a gran velocidad y un poco más tarde ellos estaban afuera. Esta vez se encontraron a sí mismos sobre una tempestuosa cadena montañosa en donde una violenta tormenta de nieve embravecía. Fueron cegados casi por completo sobre las pendientes resbaladizas, pero eso no hacía disuadir a los duros pathanes. Sin prisa pero sin pausa, viajaron por las escarpadas cadenas montañosas. Pasaron por al lado de las ruinas de un avión que se había estrellado algún momento en el pasado. Un compañero pashtun de pronto salió de la nieve y luego de un corto debate con la persona de la montaña, se decidió tomar un camino diferente.
- ¿Qué sucede? -preguntó Sermo, quien comenzaba a ponerse azul del frío.
- La entrada habitual está siendo patrullada por enemigos afganos y el ejército pakistaní está en la frontera -respondió Yasser. Con gran determinación, la tropa caminó trabajosamente por barrancos y picos de granito, jamás hacia el este. Pese al severo clima, lograron llegar al otro paso hacia Pakistán e inmediatamente después cruzaron la frontera, tomaron un breve descanso. Después de esto, el líder juntó a un grupo selecto, el cual incluía a los miembros de su familia y ordenó que cien de los guerreros restantes marcharan hacia el pueblo de Peshawar. Su jefe estaba planeando ocultarse en otro lugar, pero prudentemente mantuvo la locación en secreto.
- Hombres, nuestros caminos deben ahora dividirse por un rato -anunció Bin Laden-. Si no sobrevivo, nos veremos en el paraíso.
- Larga vida a Osama -cantaron.
"Son muchachos valientes, pero los eliminarán en un santiamén", pensó Nostradamus. "Su rol se terminó".
- Sermo, me gustaría que vinieras con nosotros -solicitó Osama-, porque puedes ayudarnos con tus dones divinos.
- Los acompañaré hasta donde se supone que deba hacerlo -respondió. El grupo seleccionado comenzó a caminar hacia el norte con dos mulas mientras la mayoría de los hombres siguieron la marcha hacia el sur.
- ¿No habría sido más prudente para nosotros seguir también la marcha hacia el sur, en donde viven nuestros simpatizantes? -Alalaam preguntó en el camino.
- No, es allí en donde los estadounidenses nos estarán buscando -respondió su jefe. Después de algún tiempo, salieron de las montañas y llegaron a una estepa en donde dos autos estaban esperando al costado de un arroyo. Para mayor seguridad, el grupo se ocultó tras algunas rocas, después de lo cual, Beshir dio uno silbido como señal.
- Zindibad Osama -fue la respuesta en la laguna.
- Todo bien -Beshir aseguró a todos y continuaron. En el arroyo, subieron a vehículos de la región y partieron a toda velocidad. Luego de andar durante horas sobre caminos sucios y lleno de baches, llegaron a un edificio ruinoso. Estaba ubicado sobre una planicie vacía y desértica rodeada de montañas blancas.
- Bienvenidos a Bar Chamarkand -bromeó Osama. Exhaustos, todos bajaron y entraron en la casa la cual tenía aproximadamente una docena de habitaciones erosionadas. El viento reinaba libremente en el lugar porque ninguna de las ventanas tenía persianas.
"Brr, una casita deprimente", pensó Michel. A las mujeres se les asignó su propia habitación y los hombres tomaron posesión del espacio principal en donde dejaron sus armas. Dejaron que los niños jugaran afuera por un rato; sólo confundirían al enemigo, más que atraerlos.
- Aquí tienes una bebida para ti, Sermo -gritó Mullah. El clarividente atrapó sorprendentemente la lata de Mecca cola que le arrojaron.
"Parece que el poder de mi espíritu ha crecido", observó con felicidad. Los guerreros exhaustos se recostaron sobre algunos colchones y Sermo se apoyó contra la ventana. Afuera, una de las hijas de Osama se estaba entreteniendo con una mariposa hecha de vidrios de colores. Nostradamus quería darle algo de atención a la niña, cuando de repente, desapareció. Segundos más tarde, inesperadamente, asomó su cabeza por la ventana.
- ¡Cucú! -gritó y sus ojos brillaban con alegría.
- Hola, pequeñita -dijo y se movió. Aunque la alegre reunión se interrumpió.
- Sermo, ven para aquí y observa esto -el padre de la niña llamó. Se había cambiado de ropa y se había puesto una limpia y ahora estaba dando vueltas con su atuendo militar. Una televisión portátil mostraba al avión que con alevosía se había estrellado en el rascacielos en el cual Nostradamus había estado en ese momento. Todos los hombres estaban mirando las imágenes con excitación.
- Osama Bin Laden, el autor intelectual del ataque contra las Torres Gemelas, ha logrado escapar de las Montañas Tora Bora junto con otros cabecillas -informaba el periodista -. El fundamentalista musulmán saudita, quien hizo una fortuna con las drogas, tiene casi míticas proporciones…
- ¡Eso es mentira! -alguien gritó en la habitación.
- El terrorista más buscado del mundo es muy popular entre la población afgana y pakistaní porque proporciona armas, entrenamiento, alimento y medicina. La propina en oro que conlleva al arresto de Bin Laden vale aproximadamente veinticinco millones de dollars.
- He visto suficiente -dijo Osama y mientras caminaba hacia afuera, sus hombres vieron fotos de él en la pantalla. Beshir, entretanto, cargaba algunas cajas mientras Sermo lo observaba y bebía a sorbos su soda.
"Esta gente no es particularmente constructiva" pensó cuando oyó un ruido en una de las habitaciones. Curioso, dejó atrás a los guerreros, pegados al televisor, y fue a verificar las habitaciones.
"¿Qué le sucedió a todas las mujeres?" se preguntó. Vio que algunas cajas fueron a parar a una oficina improvisada. Una caja que estaba decorada con palmeras se había roto y algunos documentos se esparcieron por el piso. Se inclinó para ver los papeles y enfocó sus ojos.
"Oh vaya por Dios, Einstein no estará feliz por esto…". La información se trataba de cómo construir una bomba nuclear.
- Entonces eres un espía estadounidense, después de todo -expresó repentinamente Bin Laden detrás de él-, debería haberlo sabido -y llamó a sus cómplices.
- ¡Alalaam, encierren a este traidor!
- ¡Pero salvó nuestras vidas!
- Está tratando de infiltrarse -el líder dijo implacablemente y el falso profeta fue encerrado en un trastero, en donde, una vez más pudo volver a pensar con claridad.
"Ahora debería poder regresar automáticamente a mi celda en Marignane", pensó Michel; pero nada sucedió.
"Dios mío, mi próximo patrón de pensamiento debe estar roto".
Luego oyó el tintineo de llaves y la puerta se abrió. En la puerta abierta se encontraba la hija de Osama con una pequeña corona de papel en su cabeza. Ella sonrió.
- ¡Michel, eres un hombre libre otra vez! -el gobernador de Provenza le comunicó. Y su voz lo trajo al presente.
- Muchas gracias, jovencita -respondió el erudito y se levantó del banco con alguna dificultad.
- Estás delirando, amigo mío; espero que no estés perdiendo la cordura.
- Está bien, la marea ha vuelto, gracias a Dios -y rengueó hacia él.
- Los cargos en tu contra fueron retirados -explicó Claude mientras Nostradamus posaba su nariz fuera de los barrotes.
- ¡Larga vida a la reina! -gritó con voz quebrada. Claude no dijo nada, pero su expresión en el rostro decía mucho.

En Salon, se cantaron canciones por el regreso del héroe, quien débilmente saludaba a sus admiradores desde el balcón. Todo el municipio se encontraba en medio de la multitud que acudía hacia él.
- No te quedes allí afuera por mucho tiempo, Michel. Estás por caerte -dijo Anne con preocupación. Prometió que lo haría breve.
- Querida familia, amigos y conciudadanos, soy un hombre libre, una vez más -él empezó y la multitud vitoreaba. Luego se calmaron para poder oírlo hablar.
- Los pensamientos, sin embargo, jamás se pueden encerrar y en mi celda tuve muchas visiones, las cuales escribiré y publicaré, como antes. Después de todo, fuera de la oscuridad, la luz siempre volverá a brillar. Muy a mi pesar, es todo lo que puedo decir ahora mismo porque mi cuerpo necesita descansar.
El debilitado erudito cerró entonces las puertas del balcón y se fue derecho a la cama.



Capítulo 13



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